domingo, 23 de febrero de 2014

CELEBRA LA VIDA REFLEXIONANDO

Por estos días, el tema preferido de esos que aspiran a los cargos públicos de elección popular en Colombia es la paz… La paz que ha sido el sueño de la humanidad en general y de este país que lleva más de sesenta años en guerra.

Y la clave para iniciar un verdadero camino hacia ella está en el corazón de cada ser humano, tal como lo propone el Maestro en el evangelio de este domingo.

¿Qué daña la paz? Las opciones particulares hechas por personas concretas en un espacio y tiempo determinado. Muestra de ello son aquellos que estando en el poder toman decisiones excluyentes, injustas y egoístas que maltratan la dignidad de los ciudadanos obligándolos a vivir en la miseria, sin salud, sin trabajo digno, hacinados en sus casas, sin espacios de recreación y deporte…

También dañan la paz las opciones individuales, tales como optar por el odio, el egoísmo, la avaricia y la venganza, construir relaciones interpersonales  fundadas en el miedo, en la mentira y que alimentan “la cultura de la muerte” latente en nuestras ciudades.

Jesús, alguna vez le dijo a los suyos, algo que aún no hemos sido capaces de comprender y asumir los cristianos: “si aman a los que los aman, ¿qué premio tendrán? ¿No hacen lo mismo también los publicanos?”.

Viene Jesús a tocar lo profundo del ser humano: nuestros recuerdos y nuestra visión frente a la vida. Lo primero, la memoria, donde se alojan los recuerdos de aquellos que vamos viviendo a lo largo de la existencia, las imágenes y palabras de momentos alegres y tristes que tienen el poder de hacernos experimentar felicidad, tristeza u odio. Lo segundo, la visión ante la vida, que a veces suele ser pesimista, conformista, indiferente o gris…
La propuesta de Jesús está en no dejarse contaminar el corazón por lo antes mencionado, y esto sólo es posible cuando hacemos un acto profundo de libertad y no dejamos que las situaciones y palabras con las que otros nos dañaron llenen nuestro ser de dolor, tristeza u odio. Tal vez aquí está el truco para el “amor a los enemigos” que propone el maestro, en reconocer en los otros seres equívocos a quienes no puedo más que amar y comprender. No se trata de masoquismo, pues alejarnos de algunas situaciones y personas a veces es necesario, pero odiarlas, desearles el mal o dañarlas no es acorde al plan del Maestro.

Por último, la paz exige estar totalmente convencidos de que “el amor es la fuerza que transformará el mundo”. El amor, tal como lo comprende el Maestro, ese que nos mueve a perdonar, servir, luchar por la justicia y así ir juntos “construyendo ese otro mundo posible”.


La paz, amigos y amigas, la podemos construir juntos desde nuestras pequeñas opciones y luchas, teniendo como único motor el amor que llevó al maestro a morir en una cruz, con la libertad de haber servido a los suyos al máximo y haberlos perdonado por el dolor al que lo sometieron.

EQUIPO ORIENTACIÓN

domingo, 16 de febrero de 2014

CELEBRA LA VIDA REFLEXIONANDO...

Se dice que luego de que el pueblo de Israel recibiera los diez mandamientos, estos –El pueblo-, buscando ser más específico y claro frente a las normas que los regirían se dio a la tarea de desglosarlos, explicitarlos al máximo, tanto, que resultaron siendo aproximadamente 613 mandamientos, a saber, del hombre para con Dios, del Hombre para con el hombre, de conocimiento, de justicia, de comercio y préstamos, de tiempos, de familia y matrimonio, referente a los alimentos, a la idolatría y hasta la guerra.

Normas, leyes y procedimientos que en vez de facilitar las relaciones, el encuentro  con Dios lo que terminaron fue alejándolo cada vez más de un trato humano y ameno con la divinidad.

Aquello que comenzó como un esfuerzo por afianzar las relaciones con Dios y con los otros, terminó por convertirse en una herramienta de juicio, exclusión y violencia.

Tal vez quienes idearon esta organización de las normas no imaginaron nunca los alcances de perversión que dicho sistema traería para  las vidas y las relaciones humanas… Tuvieron que ser mentes muy brillantes acompañadas de un corazón duro las que buscaron la manera de mercantilizar y sacar provecho de esta herencia recibida de sus padres, autodenominándose dueños y poseedores de la moral colectiva de su tiempo y manipulando la consciencia de los débiles y pecadores, confinándolos al escarnio público y a vivir despojados de su dignidad de hijas e hijos de Dios.

Tal vez por un poco más que esto, es que Jesús, interpela a sus discípulos de todos los tiempos diciendo: “Si no son mejores que los escribas y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos.”  Porque el problema de la moral escrupulosa de las normas y las leyes no es sólo el triste recuerdo de algo que ya pasó, es para muchos sectores humanos, hoy día, una realidad contemporánea como destructiva.

Pero Jesús nos supera en todo, él vio, como nosotros los problemas, las carencias, las debilidades, las destrucciones y a los destruidos, pero caminó más allá de la impresión y de la experiencia para proponer como fundamento de las normas, nada menos que el amor. Sí, la única fuerza capaz de transformar al mundo, de llenar verdaderamente de sentido la vida de las personas y de justificar las leyes y las normas.

Esto es lo que nos debería diferenciar de los escribas y fariseos del tiempo de Jesús, que no hacemos lo que Dios nos pide por miedo a retaliaciones divinas, por miedo al infierno, por aparentar y por quedar bien frente a quienes nos miran sino porque nos sentimos amados por el creador, quien nos acompaña, nos perdona y nos ayuda, y por eso no tenemos ya más remedio que amar a diestra y siniestra para ser eco de ese amor que Dios nos ha dado primero.

¿Qué es lo que impulsa nuestro servicio social, profesional o pastoral?
¿Qué es lo que nos motiva a vivir de una manera cabal, sencilla, justa y honesta? ¿Qué es lo que anima nuestros comportamientos en la casa, la calle, el trabajo, el estudio?

“Muéveme en fin tu amor, y en tal manera, que aunque no hubiera cielo yo te amara y aunque no hubiera infierno te temiera. No me tienes que dar porque te quiera, pues aunque lo que espero no esperara lo mismo que te quiero te quisiera.”

EQUIPO ORIENTACIÓN