domingo, 26 de julio de 2015

Celebra la vida

Diariamente nos encontramos en los periódicos y demás medios de comunicación con  titulares de realidades crueles, infames y desastrosas, tanto así, que desatan en no pocos una reacción de indignación y desagrado que se refleja en expresiones concretas que exigen justicia, igualdad, respeto, tolerancia, comprensión y demás voces que no pasan de ser más que eso, voces, expresiones, gestos… Y es precisamente ahí donde nuestras opciones y sentimientos quedan cortos, sesgados, suspendidos en el más profundo letargo de nuestra coherencia.

A tod@s nos duele ver niñas y niños en la calle, explotados, maltratados, con la niñez mutilada; nos duele ver seres humanos sumidos en vicios, echados a la calle como si fuesen seres humanos de segunda, seres “desechables”; nos duele la muerte de este o del otro, nos duele saber que haya gente que sufre hambre, frío, sed, que pasa necesidad; nos duele saber que las lluvias acabaron con las viviendas de cientos de personas, nos duelen muchas cosas, nos duele que a los otros les duela, porque sí, porque son seres humanos, porque nadie los escucha, porque nadie los ayuda, porque no tienen a nadie, porque “pobrecitos”, y ya. Entonces, hasta ahí llega toda nuestra indignación, toda nuestro sentir, “Pobrecitos.”

Y los “pobrecitos”, siguen sumidos en su pobreza, en su humillación, en su analfabetismo, en su hambre, en su sed, en su frío, en sus problemas, en sus vicios, en su muerte, y la vida sigue igual para ellos y para nosotros, atiborrados de tanta indignación.

En verdad que estamos lejos de ser coherentes, en verdad que estamos lejos de ayudarle a Dios a recrear el mundo, es decir, a hacerlo un mejor vividero para tod@s, para los que estamos y para los que vendrán.

Pero y entonces, ¿qué hacemos? ¿Nos quedamos con nuestra incoherencia? ¿Nos quedamos con la quejadera de quien escribe hoy estas líneas? No, no podemos quedarnos “Stan By”. No podemos quedarnos inertes ante tanta destrucción y muerte. No podemos quedarnos esperando a que nos digan qué hacer y cómo hacerlo, tenemos que hacer algo como humanidad, desde lo individual hasta lo colectivo, si en verdad nos duele y nos indigna la situación de los otros, si en verdad el mundo queremos cambiar.

No voy a caer en el error de dar respuestas o de sugerir recetas, porque inmediatamente estaría coartando la acción que el Espíritu de Dios suscita e inspira de manera creativa en cada uno de nosotros. Simplemente, quiero invitarlos a recordar que no sólo los cristianos sino la humanidad toda, tenemos un legado invaluable de vida, amor, justicia, verdad y transformación, Jesús de Nazaret, a quien durante todo el Evangelio, pero de modo particular hoy, cuando releemos el relato conocido como la multiplicación de los panes, vemos respondiendo de manera eficaz y coherente a las necesidades del ser humano. En Él, las opciones no se tratan de mero palabrerío y de frases demagógicas sino de acciones concretas de perdón, de dignificación, de liberación y de transformación de toda la humanidad, empezando por los más desvalidos y excluidos en este sistema político abusador y criminal.

Hoy, Jesús nos invita a todos no sólo a sentir con los otros sus dolores, angustias y necesidades, sino a responderles con la diligencia de nuestra solidaridad, compartir y amistad sinceras, liberadoras y transformadoras.

Intentemos pasar del fatal “Pobrecito” al acompañamiento sincero y desinteresado de nuestros hermanos que más sufren.

EQUIPO ORIENTACIÓN

domingo, 19 de julio de 2015

Celebra la vida reflexionando.

“Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma”.

Son las palabras que utiliza Marcos para describir una acción concreta que el Maestro realizaba constantemente: enseñar. Además señala la razón de su enseñanza: la compasión, el amor y el compromiso con la historia. También deja entrever que enseñaba con “calma”, es decir respetando los procesos y la historia personal de quienes se le acercaban.

El Maestro sabía que la educación es el camino a la liberación, a la transformación y así a la construcción de “otro mundo posible”. El contexto en el que vivió el nazareno era bastante difícil: sometidos al imperio romano, costumbres religiosas extremistas vacías y excluyentes, la riqueza concentrada en unos pocos, pobres y hambrientos por todos lados… Y ahí empezó el Maestro a sembrar las semillas de la fe, la esperanza, el compromiso y el amor; la educación le permitió ayudar a los judíos a despertar, a luchar pos sus derechos, a acercarse al Dios Padre lejano de la tiranía y la injusticia.

Jesús es un Maestro de Maestros, da testimonio de esto la vida de sus amigos más cercanos. Estuvo 3 años caminando con ellos, escuchándolos, iluminándoles la vida, llevándolos a conocer el dolor del pueblo y desde allí daba luces para la transformación. Jesús educó no desde los dogmas y la información, sino desde la vida de cada uno de éstos: iluminó sus vidas, sanó sus heridas, perdonó sus cargas morales, llenó el vacío emocional con amor propio, les mostró a un Dios Padre bueno y cercano, les dio el tesoro preciado de la amistad sincera, les ayudó a ser hombres que sueñan y construyen un mundo mejor… La vida de los doce y de las mujeres cercanas nunca más volvió a ser la misma, ellos se lanzaron por completo a la ardua tarea de llevar la Buena Nueva a todos los pueblos.

Ojalá todos aquellos que tenemos la oportunidad de ejercer la tarea de educar podamos ser conscientes de la responsabilidad social de nuestra labor; que a ejemplo del Maestro rompamos esquemas, despertemos conciencias, liberemos y ayudemos a la felicidad común y de la mano del Dios de la Vida aportemos en la construcción de un mundo más humanizado, justo y libre.

EQUIPO ORIENTACIÓN


domingo, 12 de julio de 2015

Celebra la vida reflexionando

Desde el mismo momento de nuestra concepción e independiente de lo oscuro o claro del panorama somos seres llamados a la vida y para la vida.

Nadie nace por casualidad; el azar y las circunstancias serán cosas de las personas, pero la vida es cosa de Dios porque Él nos concibe primero en su pensamiento y en su ser, y nos regala la posibilidad de existir y participar de su proyecto de recrear el mundo todos los días y a todas horas. Somos hechura suya y Él nos hizo co41mo si cada uno fuese el único hombre o mujer del mundo. Nos hizo “en serio” no “en serie”, y nos ama personalmente porque no hay humanos repetidos, porque tú, amigo lector, y yo somos seres únicos e irrepetibles.

No sólo somos llamados a la vida y para la vida sino que ella –la vida- nos rodea y nos abraza desde el amor que experimentamos como protección en el vientre y el regazo de nuestra madre hasta el que percibimos en la cercanía, y solidaridad de los nuestros en los últimos días de existencia.

 Nos rodea porque vive en todo cuanto encontramos a diario, en el sol que ilumina cada nuevo día, en el agua que nos refresca y nos prepara para las tareas diarias, en nuestros seres queridos, en nuestras mascotas, en el aire que no paramos de respirar, aunque estemos dormidos, en los árboles que nos dan sombra y nos proveen de un mejor ambiente, en fin, nuestro encuentro con la vida es constante, eterno…

Somos seres llamados a la vida y para la vida, pero poco a poco hemos ido perdiendo el sentido y el valor de esta, la hemos envilecido, despreciado, destruido, pervertido y menospreciado cada día más, cuando optamos por los caminos de la destrucción y de la muerte o simplemente cuando optamos por un silencio cómplice frente a las estructuras, instituciones y personas que promueven y ejecutan iniciativas en contra de la vida en cualquiera de sus manifestaciones.

La verdad, no hace falta que vayamos muy lejos para descubrirnos inmersos en tal realidad. Hace apenas un par de días en la localidad de Engativá, un joven de 19 años, Andrés Felipe Gómez Rivera, murió luego de recibir una golpiza por parte de varios ciudadanos que habrían querido tomar la justicia por sus manos. Esto, sólo por citar uno de los miles de casos de violencia, dolor y muerte que a diario vivimos, y sin hacer mención de millones de actos de abuso y barbarie que se cometen en contra de la Madre Tierra y de cada uno de los demás seres –no humanos- que cohabitan en ella.

La cultura de la muerte se nos adelantó, se nos impuso, y nosotros hemos permitido, estupefactos e inertes que avance a pasos agigantados en nuestra mente, corazón, y sociedad.

Hoy, Jesús nos recuerda que somos discípulos suyos, que nos ha amado, pensado, escogido y llamado a la vida y para la vida; y ser discípulo de Jesús no es más que vivir y dejar vivir, ser agentes de la vida, la justicia, el amor, la paz, la verdad y todo aquello que nos conduce por la senda de la vida, y por ende, nos aleja de las estructuras de la muerte.

De nuestras actitudes depende si en el futuro próximo o lejano Reina la Vida o reina la muerte porque en los planes de Dios cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario.


“No nos cansemos de predicar el amor. Sí, ésta es la fuerza que vencerá al mundo.”

EQUIPO ORIENTACIÓN

domingo, 5 de julio de 2015

Celebra la vida reflexionando

“No desprecian a un profeta más que en su tierra”…
Son las palabras del evangelio este domingo haciendo referencia al desprecio que sufría el Maestro cuando algunos de su pueblo pretendían enlodar sus palaras y acciones aludiendo a su origen: familia, cultura, tierra…

Es el mismo flagelo que afrontan muchas personas hoy, son sometidas a todo tipo de exclusiones por su condición sexual, color de piel, estrato social, religión, nivel educativo y demás marcos que pretendemos hacer y que cuando alguien sale de ellos empezamos a juzgar, excluir y maltratar.

Este es un fenómeno marcado en nuestros pueblos, tendemos a tachar de malo aquello que no cabe en nuestras pequeñas mentes. Es decir, la diferencia nos cuesta y así negamos un principio natural visible en la realidad: la diversidad. El mundo es multicolor, multiforme, no a blanco y negro como la televisión naciente y politizada que teníamos en Colombia no hace mucho tiempo…

Este fenómeno afecta el bien común, la felicidad compartida y así el plan de Dios. Es que las personas excluidas sufren, se relegan, se excluyen, se suicidan, se ven sometidas a todo tipo de maltrato contra su dignidad. Por eso, para aquellos que seguimos al Maestro este comportamiento social es inválido y exige ser re-pensado y orientado acorde a la medida de todas las cosas: el amor.

Las acciones del Nazareno nos dan la respuesta. En Jesús no encontramos a un hombre excluyente, ni juez implacable, por el contrario es un tipo humano que comprende las falencias propias de la condición humana. No es un “alcahuete” porque comprendiendo exige la conversión y el compromiso con la construcción de “otro mundo posible”. Por ejemplo, le trajeron, prostitutas, cobradores de impuestos, leprosos y Jesús en ellos no leyó el “marco social - moral” que los excluía por sus acciones o condición, veía en cada persona un ser humano maravilloso a quien no podía más que acoger y amar.

Es hora que a ejemplo del Maestro empecemos a construir un “mundo donde quepan muchos mundos”… La “ética de mínimos” tiene mucho por aportarnos, empezar a ponernos de acuerdo en aquellas cosas mínimas para no hacernos daño; por ejemplo, no me mates yo no te mato, no me excluyas yo no te excluyo…

EQUIPO ORIENTACIÓN