domingo, 27 de abril de 2014

CELEBRA LA VIDA REFLEXIONANDO...

¿Qué acaso, la solidaridad, el compartir, la amistad, la misericordia, el amor y todos esos valores del Evangelio son sólo el vago recuerdo de un momento maravilloso de la historia, que vale la pena recordar, pero no vivir?
¿A qué hora nos ganó el desaliento o la fidelidad perezosa nos hizo declinar en la vivencia de estos actos humanos que engrandecen y promocionan la vida de todas y todos?
¿No será que ante tanto desorden establecido, ante tanta corrupción, injusticia, mentira, muerte y desintegración social que nos circunda y de la que tanto nos quejamos la vivencia de los valores del Evangelio puede ser parte de la solución?

Si bien es cierto que Jesús nunca dio cátedra de ética y valores, nunca utilizó la expresión “valores humanos” o algo parecido, nunca escribió un libro acerca de la forma como debíamos vivir, sí nos dio, con su vida, mucha orientación sobre el cómo de nuestras relaciones humanas, que registran de manera magistral y ordenada los Evangelios que tenemos el agrado y el privilegio de leer, escuchar y reflexionar cada vez que queremos…

Si bien Jesús tal vez nunca quiso dejarnos un itinerario que a manera de manual de convivencia  guiara nuestro comportamiento, sí nos dejó mucha vida suya que al conocer nos inspira, nos motiva y nos impulsa a vivir no a nuestra manera sino a la suya.
Fue la vida de ese Jesús de Nazaret la que inspiró en antiguo a sus discípulos a llevar esta Buena Noticia de pueblo en pueblo y de generación en generación hasta hacerla llegar a nosotros, puede que no tan intacta, pero sí lo suficientemente nítida como para que aun muevan el esqueleto de no pocas personas que añoran transformar el mundo y prefieren para ello  la revolución del amor propuesta por el Nazareno a la fuerza de las armas que aplasta, y que genera violencia y destrucción a su paso.

Hoy, en este domingo segundo de pascua, lo contemplamos no sólo resucitado sino comprensivo y misericordioso para con la humanidad de Tomás, su discípulo y en él para con la humanidad de tantos que quieren ser fieles a su propuesta pero que no alcanzan a percibir y palpar las llagas se sus manos, de sus pies y su costado que siguen sangrando en tantos otros que sufren los rigores de la violencia, la injusticia, el hambre y la falta de solidaridad de sus hermanos que tienen cómo ayudarles.

Vale rescatar hoy la actitud tanto de Tomás como de Jesús. La del primero que no es incrédulo, sino que quiere ser fiel pero prefiere cerciorarse de que se trata del mismo Jesús que había caminado a su lado; que quiere vivirlo pero prefiere tener su propia experiencia del Resucitado; que quiere seguirlo pero prefiere ser concreto, ir a las señales del martirio, sus llagas, las cuales le señalan que es el que es y no es otro…
La del segundo, que ofrece la paz, y que envía a sus discípulos a ser emisarios de la misericordia, pero que sobretodo practica la misericordia con aquel que no ha estado allí y ha tenido una reacción diferente frente a su aparición… No se impone, comprende y orienta…

Dos personas, dos protagonistas de esta historia, dos formas que nos inspiran a seguir de manera concreta los pasos de aquel que sin querer ha dado a la humanidad la lección de vida más grande: “Ámense los unos a los otros como YO los he amado.”

Ojalá seamos capaces de concretizar nuestra creencia y vayamos directamente a las llagas de Jesús, aquellas que sangran en cada contemporáneo nuestro que sufre, que se desespera y que llora, y busquemos la manera de ser alivio y remedio para cada una de ellas.

EQUIPO ORIENTACIÓN

domingo, 20 de abril de 2014

CELEBRA LA VIDA REFLEXIONANDO

“No es aquel que mata quien vence. No es quien persigue el que gana. El odio no gana. La venganza no gana. La violencia no gana. El amor es el que vence. Y Cristo venció, Cristo resucitó. Cristo hizo su pascua”

Es la lógica ilógica de nuestro Dios. En una sociedad enmarcada en la competencia, en el egoísmo, el ego, el capitalismo resulta ilógico que Aquel sencillo hombre de Nazaret fuese el vencedor… ¿Dónde están sus armas, su ejército, sus argumentos, su lucha? ¿Qué ganó, por qué no usó la violencia para defenderse? Tal vez ilógico para la humanidad, pero lógico para Dios: tiene que vencer el amor es lo único que  puede vencer”. El amor del Padre evidenciado en Jesús que lo llevó a asumir su existencia de una manera de nueva y diferente, el amor que fue el motor de sus palabras y acciones. El amor que se tradujo en servicio, perdón, entrega, libertad, verdad, justicia, comprensión, opción por los pobres y excluidos, restitución de la dignidad.

Amor que impulsó a Jesús a vivir su existencia en coherencia, a oponerse al pecado que nos aparta de Dios y lastima nuestro ser  y el de los otros. Amor que llevó a Jesús a caminar con los suyos, a enseñarles, a acompañarles en momentos de alegría y dolor; amor que llevó a Jesús a morir en la cruz, no obligado, sino en libertad sabiendo que su entrega traería para la humanidad un nuevo camino, una nueva vida.

¡Jesús vive! La fe nos permite comprender que su sacrificio no fue en vano, que no murió para siempre sino que su vida en coherencia y el amor inagotable del Padre le dieron la nueva vida. Por fe comprendemos que Jesús vive y que alguna vez todos los hombres y mujeres de bien estarán junto a él en la casa del Padre.

Vive Jesús en la mente y corazón de los hombres y mujeres que a lo largo de la historia han dado y dan la vida por la construcción de “ese otro mundo posible” en el que la felicidad de los hombres es posible; en el corazón de las madres y padres que a diario se gastan amando a sus hijos; en esos que a pesar de recibir cientos de golpes siguen adelante, mantienen en firme su esperanza; en aquellos que no ponen su felicidad en el dinero o cosas; en esos que perdonan y se arriesgan a seguir amando; en esos que valoran y cuidan la tierra; en esos que respetan y cuidan la vida en cualquiera de sus manifestaciones; en los niños con su curiosa libertad e inocencia; en los jóvenes emprendedores; en las familias que buscan mantenerse unidas por el amor; en esos a los que el dolor de los otros los conmueve y los lleva a dar luchas en pro de la justicia…

La Resurrección de Jesús se opone a la guerra como camino a la paz, al capitalismo que devora y destruye la vida, a la violencia como medio para solucionar conflictos, a la exclusión, a la injusticia, a los derechos como negocio, a esos que amontonan riquezas mientras otros mueren de hambre, al odio… Es que la vida nueva que nos dio Jesús se construye desde acá, sería triste pensar que Dios quiere la infelicidad de sus hijos en la tierra.  

El amor del Padre renovado en nuestras mentes y corazones por estos días debe permear todas las dimensiones de nuestras vidas y comprometernos con la construcción de realidades más humanas y justas fundadas en el amor.

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN…

Con cariño,

Equipo Orientación. 

viernes, 18 de abril de 2014

CELEBRA LA VIDA REFLEXIONANDO

Con las celebraciones del Viernes Santo no nos queda más que experimentar a un Dios capaz de darse hasta las últimas consecuencias por amor a sus hijas e hijos sin importar cual fuere su pasado, convicciones o formas de sentir.

Como seguidores de Jesús, conocedores de su vida, obra y palabra fácilmente experimentamos un Dios cercano, compasivo, misericordioso, amigo y capaz de compadecerse de cada una de nuestras debilidades, -en las mismas que también él fue probado.- Somos testigos así de un Dios que es más humano que divino y aun no lo hemos querido comprender.

Durante milenios hemos marcado nuestras relaciones humanas personales y sociales con el estigma del rencor, el odio y la venganza: “Ojo por ojo y diente por diente” han hecho parte de nuestro vocabulario por mucho tiempo, y en esta lógica, nos hemos venido quedando tuertos, ciegos, muecos y desgarrándonos mutuamente.

Pero, ¿qué podemos hacer nosotros frente a tanta injusticia, violencia, crueldad y muerte que vemos a diario? Pues bien, simplemente diremos que después de Jesús no hay excusas para no hacer algo.

Hasta entonces el lenguaje y el proceder del mundo estuvieron teñidos de brutalidad y salvajismo como aporte a la transformación social y como  respuesta ante la diversidad que también hace parte del mundo, como ese lugar en el cual todos tenemos la posibilidad de desarrollarnos y ser felices…  y es en Jesús donde encontramos la lección más antigua y más novedosa para combatir el mal. No es con la fuerza de la violencia y de la brutalidad capaces de acallar voces y conciencias como Jesús enfrenta aquello que destruye, es dándose a sí mismo hasta las últimas consecuencias como responde a las afrentas del espíritu del mal que arremete de mil formas contra la felicidad de los hijos e hijas de Dios. Desde entonces existe otro camino, otra posibilidad frente a lo que no nos convence, frente a lo que nos daña, frente a lo que nos hace infelices…

Hoy, como hace veinte siglos, aun somos víctimas y presos del egoísmo, del rencor, del miedo y de la falta de confianza en Dios que crean los espacios propicios para que germine la muerte en cada uno de los ambientes y entornos en que vivimos…

Hoy, como en el tiempo de Jesús, todavía reina en muchos corazones la ley del talión como la única forma capaz de construir mundo…

Hoy, como los contemporáneos de Jesús, tal vez sólo pensamos en matar, en destruir, en eliminar todo aquello que no nos gusta, que no va acorde a nuestro modo de pensar, sentir o creer.

Hoy, todavía hay mucho horror, mucha guerra e injusticia, mucho por lo cual podemos culpar a Dios… Sin embargo, otra manera se presenta y es la de Jesús, la de aquel cristo que no se impone con la bestialidad sino con la fuerza de su amor... Porque si de algo pudo habernos librado Cristo fue de creer que aquella mentalidad funesta y destructiva, fuera el único camino… Porque si algo nos enseñó Cristo es que el amor de Dios no está en impedir catástrofes naturales y guerras, sino en la Cruz, es decir en todos aquellos que han sido y son capaces de dar la vida por sus amigos.

EQUIPO ORIENTACIÓN


miércoles, 16 de abril de 2014

CELEBRA LA VIDA REFLEXIONANDO

“Los amó hasta el extremo”… Esta es la frase que da sentido a todos los acontecimientos que millones de cristianos de distintas religiosidades -y sin ellas- conmemoramos por estos días, y lo hacemos no como una cosa más; por el contrario lo hacemos con mucha alegría porque lo que Celebramos es nada menos que la vida de Aquel que se animó a vivir bajo la “locura del amor”, que creyó en Dios como Padre, que confió en la humanidad, que no fue juez, que comprendió, que perdonó, que sirvió a los pobres y excluidos, que no guardó nada de sí para los otros, que no creyó en la violencia, que no le apostó al poder egoísta, que dignificó y amó a los suyos, que asumió el servicio como camino al Padre…

Es así que encontramos hoy al Maestro dando sus últimos pasos: está con los suyos y quiere darles las últimas instrucciones.

Se sienta con ellos a la mesa, en la mesa no hay cabida para jerarquías, nadie es más que nadie. En la mesa, los mira a los ojos y parte con ellos el pan de la vida que es Él mismo. Es tan fuerte su amor que no quiere dejar a los suyos solos, decide hacerse pan de vida y desde ese momento los suyos nos reuniremos para recordarlo, para llenarnos de vida y fortaleza para seguir en la lucha.

Se sienta en la mesa como el que sirve, como la madre que prepara los alimentos y los da con todo el amor que puede habitar en su ser. Nunca pudieron olvidar sus discípulos este mágico momento, nunca olvidaron el amor con que partió el pan, la alegría con que brindó y la mano humilde y lastimada con que les entregó la pieza de pan a cada uno.

Inesperadamente se levanta, se postra y les lava los pies… Confusión, dudas y  preguntas en el interior de los doce, pues es el Maestro el que se postra a lavarles los pies. Cada palabra, gesto y cada gota de agua en los pies de estos marcó por siempre su consciencia y los llevó a entregarse sin reservas por la construcción de “ese otro mundo posible” del que les habló el Maestro. Y entonces desparece el egoísmo que alguna vez los hizo soñar con poder, riqueza y soluciones violentas, sus vidas se transforman a la luz del amor…
Luego les recuerda que los ama, sí, este hombre sencillo les está diciendo que los ama sin reservas ni miedos, que confía en ellos, que nunca los dejará solos, que el amor es ese lazo indeleble que los mantendrá juntos así no lo vean…  Y como los ha amado espera que ellos se amen unos a otros y vivan a la luz de este amor que es la “fuerza que transformará el mundo”.

Por último, cuentan los evangelios que fue a caminar con ellos. Tal vez necesitaba aire, sabía que no iba a ser fácil el siguiente paso, caminó con los suyos… De camino tal vez rieron, recordaron momentos juntos, les seguía enseñando, abrazos, palabras de fortaleza, lágrimas... Llegados a un huerto, se aparta y se postra ante su Padre para poner en sus manos la vida que se le escapaba de las manos, el miedo empezaba a socavar su corazón, pero no dudó en dar el siguiente paso, se fortalece en la oración con el Padre y confía plenamente en Él, así como el niño corre a los brazos de su madre, Jesús corre a los brazos de Aquel que  es padre y madre… El amor del Maestro es admirable, no llena de miedo a los suyos, asume su dolor solo, por eso ora en silencio y soledad… Solo les pide algo de compañía y oración, pero ellos no comprenden aun todos los sucesos de aquella tarde…

Amig@s, cuando nos acercamos así de cerca  a la vida del Nazareno no nos queda más que amarlo y seguirlo… Que la celebración de hoy nos fortalezca, nos haga experimentar el amor del Padre y nos comprometa en la construcción de ese “otro mundo posible” que llevó a Jesús hasta la muerte de cruz.

EQUIPO ORIENTACIÓN

sábado, 12 de abril de 2014

CELEBRA LA VIDA REFLEXIONANDO

Los cristianos estamos una vez más frente a la posibilidad de celebrar la Semana Santa, tiempo en el cual conmemoramos la pasión, muerte y resurrección de Jesús.
Ante esta conmemoración como ante cualquier otro acto religioso del que seamos partícipes surgen dos situaciones… Es así que podremos asumir esta conmemoración con la hipocresía milenaria que nos identifica o con actitud comprometida frente al entorno en que vivimos y vamos escribiendo historia.

Si decidimos vivirla con la hipocresía que nos ha identificado desde no hace poco tiempo, tal vez asistiremos a las ceremonias religiosas con mucha atención y aparente tristeza mientras detallamos la pompa con que se realizan, los adornos y ornamentos que la engalanan y hacen de ella el espectáculo sugestivo, capaz de despertar en nosotros el sentimentalismo frente al recuerdo de un inocente torturado, agónico y aplastado más por nuestros pecados que por la maquinaria político-religiosa de su tiempo, nos estremeceremos frente al recuerdo de las humillaciones y tratos injustos de los que fue víctima el Maestro, alimentaremos una vez más nuestro odio hacia los que le hicieron pasar por estas situaciones a “Nuestro Señor”, y celebraremos gozosos que Aquel hombre no murió para siempre y que Dios le tapó la boca a sus detractores con la resurrección.

Por el contrario, si decidimos asumir los acontecimientos centrales de la Semana Santa con actitud comprometida frente al entorno en que vivimos, tal vez asistiremos a las mismas ceremonias religiosas que los otros, pero estaremos pendientes no simplemente de recordar sino de buscar entre los nuestros y en medio de nuestras realidades a aquellos que, como el Maestro, siguen siendo las “sufrientes” víctimas del pecado moral y social que habita en nosotros y que se materializa en la mentira, la persecución, la corrupción, el egoísmo, la desigualdad, el hambre, el analfabetismo, la violencia, la injusticia, y demás abominaciones que atentan contra la persona, su dignidad y sus derechos y contra el bien común.
Y no sólo buscaremos entre los nuestros a esos sufrientes para identificarlos y ya, sino que buscaremos y propiciaremos la oportunidad de materializar nuestra solidaridad para con ellos, aquellos cuya historia no ha sido tan bondadosa y feliz,  nos haremos sus amigos, sus compañeros de camino, cercanos como lo hubiese querido y hecho nuestro Maestro y buscaremos por doquier las oportunidades para promocionarlos, para hacer de sus vidas y la de los suyos existencias dignas de vivirse.

Tal vez ninguna de estas dos sea la opción que tomen nuestros lectores frente a la conmemoración que como iglesias realizamos en Semana Santa; es más puede que algunos de nuestros lectores  ya no se encuentren en las iglesias, y puede que tanto los unos como los otros tengan formas muy diversas de vivir este tiempo. Simplemente pasar por aquí a invitarlos a hacer el bien donde quiera que vayan, a no pasar por la vida de las personas sin dejar algo bueno en cada una de ellas, y a permitir que el buen Dios se muestre clemente, compasivo, misericordioso, cercano y solidario en cada una de nuestras acciones.

Buena semana…


 EQUIPO ORIENTACIÓN 

domingo, 6 de abril de 2014

CELEBRA LA VIDA REFLEXIONANDO

“El dogmatismo redujo a Dios a un simple concepto. La experiencia nos lo confirma como fundamento de nuestra vida. ¿Conoces de Dios? O ¡Vives a Dios!”

Lamentablemente, a lo largo de la historia, el Dios que nos mostró Jesús ha sido promovido, enseñado y asumido como eso que no es: lejano, juez implacable, castigador,  autoritario, moralista y al que se debe temer.

Esto ha construido un encuentro con Dios vacío, temeroso y monótono, pues ¿Quién va con alegría a ser regañado, juzgado y castigado? ¿Quién puede confiar en un dios al que la limitación humana lo enfurece? ¿Quién puede amar y seguir a un dios lejano, jefe y cruel?

Hemos dogmatizado y moralizado aquello que se vive y se experimenta en la fe, en la oración, en el encuentro con el otro, en el amanecer, en la naturaleza, en los seres vivos…

En el evangelio de Juan capítulo 11 encontramos el Dios que Jesús vino a revelarnos. Cuenta que Jesús estaba con los suyos, caminando, conociendo la realidad de su pueblo, escuchando e iluminando vidas, estando en esto Lázaro enfermó.

El Dios de Jesús es un Dios amigo, es decir no es un Dios de jerarquías y poderes, se anima a caminar con la humanidad, a establecer relaciones de confianza y amor. Esa era la relación de Jesús con Lázaro, era de amistad, por eso dice el texto que Jesús apenas terminó con sus compromisos caminó al encuentro de su amigo. De caminó le dijo a los suyos que su amigo no moriría, es decir es un Dios de esperanza y no de muerte…

Cuenta el texto que al enterarse de la muerte de Lázaro lloró y se conmovió ante el dolor de la familia. Ese es el Dios por el que Jesús se animó a gastarse, a entregarse sin límites.

Es el Dios de la vida, del amor, amigo, compañero de camino, al que nuestras limitaciones humanas no lo llenan de ira sino de amor de Padre que escucha, guía y espera a que hagamos procesos humanos de conversión.

Es el Dios que se hace presente en la historia, Aquel al que la muerte violenta o injusta de sus hijos e hijas le duele y los conmueve.

Es el Dios del servicio, que lava los pies, que sirve la mesa, que acoge a prostitutas, enfermos, pecadores… Es el Dios al que el templo convertido en negocio le incomoda, al que la injusticia y la desigualdad le duelen.

Es el Dios Padre que ama su creación, a sus hijos e hijas y quiere para ellos la felicidad.

“Creo en Dios Abbá que no sabe de dogmas, simplemente ama; creo en el Emmanuel, que ya no nos llama "siervos" sino amigos; creo en el Espíritu Santo que habita en TODOS y hace posible su acción transformadora en nuestra existencia”

EQUIPO ORIENTACIÓN....