ÉSTOS SE ATREVIERON

¡35 AÑOS DE SU ENTREGA!
Oscar Arnulfo Romero nació en Ciudad Barrios, departamento de San Miguel, en la república De EL SALVADOR, el 15 de agosto de 1917, día de la Asunción de la Virgen María. Su familia era humilde y con un tipo modesto de vida. Desde pequeño, Oscar fue conocido por su carácter tímido y reservado, su amor a lo sencillo y su interés por las comunicaciones. A muy temprana edad sufrió una grave enfermedad que le afectó notablemente en su salud.
Ingresó al Seminario Menor de San Miguel y a pesar de las desaveniencias económicas que pasaba la familia para mantenerlo en el seminario, Oscar avanzó en su idea de entregar su vida al servicio de Dios y del pueblo. Estudió con los padres Claretianos en el Seminario Menor de San Miguel desde 1931 y posteriormente con los padres Jesuitas en el Seminario San José de la Montaña hasta 1937.
En el tiempo que estalló la II Guerra Mundial, fue elegido para ir a estudiar a Roma y completar su formación sacerdotal y seguramente su elección se debió a la integridad espiritual e inteligencia académica manifestada en el seminario.
Fue ordenado sacerdote a la edad de 25 años en Roma, el 4 de abril de 1942. Regresó al país en agosto de 1943. Su primera parroquia fue Anamorós en el departamento de La Unión. Pero poco tiempo después fue llamado a San Miguel donde realizó su labor pastoral durante aproximadamente veinte años.
Dada su amplia labor sacerdotal fue elegido Secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador y ocupó el mismo cargo en el Secretariado Episcopal de América Central. El 25 de abril de 1970, accedió al ministerio episcopal como Obispo Auxiliar de San Salvador, que tenía al ilustre Mons. Luis Chávez y González como Arzobispo y como Auxiliar a Mons. Arturo Rivera Damas. Con ellos compartiría su desafío pastoral y en el día de su ordenación episcopal dejaba claro el lema de toda su vida: “Sentir con la Iglesia”.
Esos años como Auxiliar fueron muy difíciles para Monseñor Romero. En El Salvador la situación de violencia avanzaba, con ello la Iglesia se edificaba en contra de esa situación de dolor, por tal motivo la persecución a la Iglesia en todos sus sentidos comenzó a cobrar vida.
Luego de muchos conflictos en la Arquidiócesis, la sede vacante de la Diócesis de Santiago de María fue su nuevo camino. El 15 de octubre de 1974 fue nombrado obispo de esa Diócesis y el 14 de diciembre tomó posesión de la misma.
En junio de 1975 se produjo el suceso de “Las Tres Calles”, donde un grupo de campesinos que regresaban de un acto litúrgico fue asesinado sin compasión alguna, incluso a criaturas inocentes. El informe oficial hablaba de supuestos subversivos que estaban armados; las ‘armas’ no eran más que las biblias que los campesinos portaban bajos sus brazos. En ese momento, los sacerdotes de la Diócesis, sobre todos los jóvenes, pidieron a Monseñor Romero que hiciera una denuncia pública sobre el hecho y que acusara a las autoridades militares del siniestro, Mons. Romero no había comprendido que detrás de las autoridades civiles y militares, detrás del mismo Presidente de la República, que era su amigo personal, había una estructura de terror, que eliminaba de su paso a todo lo que pareciera atentar los intereses de “la patria” que no eran más que los intereses de los sectores pudientes de la nación. Mons. Romero creía ilusamente en el Gobierno, éste era su grave error. Poco a poco comenzó a enfrentarse a la dura realidad de la injusticia social.
En medio de ese ambiente de injusticia, violencia y temor, Mons. Romero fue nombrado Arzobispo de San Salvador el 3 de febrero de 1977 y tomó posesión el 22 del mismo mes, en una ceremonia muy sencilla. Tenía 59 años de edad y su nombramiento fue para muchos una gran sorpresa.
El 12 de marzo de 1977, se dio la triste noticia del asesinato del padre Rutilio Grande, un sacerdote amplio, consciente, activo y sobre todo comprometido con la fe de su pueblo. La muerte de un amigo duele, Rutilio fue un buen amigo para Monseñor Romero y su muerte le dolió mucho: “un mártir dio vida a otro mártir”.
En el transcurso de su ministerio Arzobispal, Mons. Romero se convirtió en un implacable protector de la dignidad de los seres humanos, sobre todo de los más desposeídos; esto lo llevaba a emprender una actitud de denuncia contra la violencia, y sobre todo a enfrentar cara a cara a los regímenes del mal. Sus homilías se convirtieron en una cita obligatoria de todo el país cada domingo. Desde el púlpito iluminaba a la luz del Evangelio los acontecimientos del país y ofrecía rayos de esperanza para cambiar esa estructura de terror.
 Los primeros conflictos de Monseñor Romero surgieron a raíz de las marcadas oposiciones que su pastoral encontraba en los sectores económicamente poderosos del país y unido a ellos, toda la estructura gubernamental que alimentaba esa institucionalidad de la violencia en la sociedad salvadoreña, sumado a ello, el descontento de las nacientes organizaciones político-militares de izquierda, quienes fueron duramente criticados por Mons. Romero en varias ocasiones por sus actitudes de idolatrización y su empeño en conducir al país hacia una revolución.
A raíz de su actitud de denuncia, Mons. Romero comenzó a sufrir una campaña extremadamente agobiante contra su ministerio arzobispal, su opción pastoral y su personalidad misma, a través de publicaciones en los periódicos más importantes, editoriales, campos pagados, anónimos, etc.
La “Iglesia Perseguida en El Salvador” se convirtió en signo de vida y martirio en el pueblo de Dios.
Este calvario que recorría la Iglesia ya había dejado rasgos en la misma, luego del asesinato del padre Rutilio Grande, se sucedieron otros asesinatos más. La Iglesia sintió en carne propia el odio irascible de la violencia que se había desatado en el país.
Resultaba difícil entender en el ambiente salvadoreño que un hombre tan sencillo y tan tímido como Mons. Romero se convirtiera en un “implacable” defensor de la dignidad humana y que su imagen traspasara las fronteras nacionales por el hecho de ser: “voz de los sin voz”. Ya a finales de 1979 Monseñor Romero sabía el inminente peligro que acechaba contra su vida y en muchas ocasiones hizo referencia de ello consciente del temor humano, pero más consciente del temor a Dios a no obedecer la voz que suplicaba interceder por aquellos que no tenían nada más que su fe en Dios: los pobres.
Uno de los hechos que comprobó el inminente peligro que acechaba sobre la vida de Mons. Romero fue el frustrado atentado dinamitero en la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús, en febrero de 1980, el cual hubiera acabado con la vida de Monseñor Romero y de muchos fieles que se encontraban en el recinto de dicha Basílica.

El domingo 23 de marzo de 1980 Mons. Romero pronunció su última homilía, la cual fue considerada por algunos como su sentencia de muerte debido a la dureza de su denuncia: “en nombre de Dios y de este sufrido pueblo... les suplico, les ruego, les ordeno, en nombre de Dios, CESE LA REPRESION”.
El 24 de marzo de 1980 Monseñor OSCAR ARNULFO ROMERO GALDAMEZ fue asesinado de un certero disparo, aproximadamente a las 6:25 p.m. mientras oficiaba la Eucaristía en la Capilla del Hospital La Divina Providencia, exactamente al momento de preparar la mesa para recibir el Cuerpo de Jesús.
Fue enterrado el 30 de marzo y sus funerales fueron una manifestación popular de compañía, sus queridos campesinos, las viejecitas de los cantones, los obreros de la ciudad, algunas familias adineradas que también lo querían, estaban frente a la catedral para darle el último adiós, prometiéndole que nunca lo iban a olvidar. Raramente el pueblo se reúne para darle el adiós a alguien, pero él era su padre, quien los cuidaba, quien los quería, todos querían verlo por última vez.
Tres años de fructífera labor arzobispal habían terminado, pero una eternidad de fe, fortaleza y confianza en un hombre bueno como lo fue Mons. Romero habían comenzado, el símbolo de la unidad de los pobres y la defensa de la vida en medio de una situación de dolor había nacido.
EQUIPO ORIENTACIÓN...

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EN MEMORIA DE UN BUEN  PASTOR...
"Jaime, amigo de los pobres, de los violentados, de los injusticiados"
Nació el 27 de marzo de 1941 en Bogotá, estudió en el Seminario Menor Conciliar de la capital colombiana. Allí mismo, se graduó en Filosofía y Teología en el Seminario Mayor.
Fue ordenado sacerdote el 14 de agosto de 1965 para la Diócesis de Facatativá (Cundinamarca). Realizó los cursos del Centro Internacional de Sociología en Roma (CISIC), donde consiguió el diploma en Sociología Pastoral. Luego obtuvo la Licencia en Ciencias Sociales en el Instituto Católico de París.
Fue capellán del Sena 1971 – 1978, Director del Departamento de Pastoral Social 1972-1986, vicario episcopal de pastoral 1981-1984, vicario general de la diócesis 1984-1986, Secretario Ejecutivo de Pastoral Social: CELAM, 1987-1991; Coordinador General del Congreso Latinoamericano de Doctrina Social de la Iglesia: Chile, Octubre de 1991; Párroco de la Catedral: Facatativá, 1991-1993.
El 11 de noviembre de 1993 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de Barrancabermeja; recibió su ordenación episcopal el 11 de diciembre de 1993. Presidente Mesa Departamental por la Paz Barrancabermeja, 1998; Miembro del Departamento de Pastoral Social (DEPAS-CELAM): 1994-1998; Administrador Apostólico de Bucaramanga, 1996-1998; Miembro del Equipo Teológico de Expertos - Pastoral Social: CELAM, 1993-1998; Presidente de la Comisión Episcopal De Seguimiento del Proceso de Paz con el ELN; Presidente Junta Directiva Consorcio Desarrollo y Paz para el Magdalena Medio, Barrancabermeja, 2003 – 2006; Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de Colombia, 1996-2005; Obispo de Barrancabermeja, 1993-2008.
Como Obispo de Cúcuta asumió el 7 de febrero de 2009 en donde impulsó el Grupo Motor Binacional de la frontera colombo-venezolana. Además de ser Presidente de la Corporación Nueva Sociedad Región Nororiental de Colombia (CONSORNOC).
Defensor aguerrido y permanente de los derechos humanos y del activismo de las clases menos favorecidas en el Magdalena Medio; reconocido además por su apertura al diálogo y su compromiso con la verdad, la justicia y la reconciliación.
Como podemos leer, en monseñor Jaime encontramos una vida memorable, virtuosa; una persona luchadora, emprendedora y capaz; uno de los grandes abanderados en el desarrollo y gestión de programas de desarrollo en pro de los más vulnerables de nuestro país.
Otro JAIME, también defesnsor de los derechos humanos, pero con un estilo particular, ese que nace de dejar que la vida se permee de la fuerza avasalladora del amor de Dios. En él, con todo su esfuerzo, reconocemos la mano de Dios que pasa consolando, animando, limpiando, liberando, dignificando, la mano de un Dios que no espera la revancha, en el descuido o la debilidad de quienes se declararon sus enemigos.

Jaime, amigo de los pobres, de los violentados, de los injusticiados, eres el reclamo que nos hace Dios a hacer de nuestra vida un eterno servicio concreto y desinteresado.
Vale la pena apostarle a un mundo mejor, vale la pena ser reflejo de la misericordia y la paz infinita del Dios de la vida.
Como en todo, no resta sino decir que Dios se manifiesta bueno con nosotros cuando conocemos personas como JAIME quienes en vida no se callaron y que aún muerto siguen retumbando en la consciencia de todos aquellos quienes lo conocimos para que construyendo un mundo más justo y humano siga viviendo en las futuras generaciones como lo hace y lo hará Jesús el Nazareno.

"Vale la pena vivir por aquello que valiese la pone morir"

EQUIPO ORIENTACIÓN
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15 AÑOS DE SU MARTIRIO
Jaime Eduardo Garzón Forero (24 de octubre de 1960 - † 13 de agosto de 1999 en Bogotá D. C.) Niño precoz y muy travieso en su época escolar; en su juventud estudió derecho y ciencias políticas en la Universidad Nacional de Colombia. Aproximadamente a la edad de 20 años, militó brevemente en una red de colaboradores urbanos del ELN para luego desencantarse de dicha organización y proceder a pedir la baja de la misma. No se conoce que haya participado en combates u otros actos delictivos violentos.
Garzón tenía en sus ideales el hacer de Colombia un país justo y en paz. En 1988. Fue nombrado alcalde menor de la actual localidad de Sumapaz, en Bogotá por el alcalde mayor de esa época, Andrés Pastrana Arango quien lo destituiría un año después debido a que le habían informado que Garzón había construido un prostíbulo en el lugar, a lo que Garzón respondió que "las únicas putas de la zona eran las putas FARC". Varios años después, justo el día que lo asesinaron, se iba a realizar un acto de desagravio donde Garzón se posesionaría simbólicamente y recibiría una indemnización por el incidente ya que se comprobó que la información sobre el prostíbulo era falsa.



Durante el año que Garzón fue alcalde de la localidad de Sumapaz construyó un centro de salud, mejoró la escuela y pavimentó la única calle del pueblo. Trabajó en varias parodias televisivas, haciéndose famoso con el programa Zoociedad de la desaparecida programadora Cinevisión -con su personaje Émerson de Francisco, un presentador de noticias muy particular- (con Elvia Lucía Dávila) (1991-1993), el cual se burlaba de la sociedad materialista y de la política. Luego trabajó, junto con el actor colombiano Diego León Hoyos (en el papel de María Leona Santo domingo) en el programa ¡Quac! El noticiero de RTI (1995-1997). En diferentes modos, Garzón comunicó a la opinión pública que era víctima de amenazas. El 13 de agosto de 1999 fue asesinado por dos sicarios cerca de los estudios de “Radionet”, en donde trabajaba. Durante el proceso judicial, la defensa argumentó que hubo desviaciones a la investigación por parte del Departamento Administrativo de Seguridad.


Al otro día del asesinato, un río de gente se movilizaba para acompañar el cuerpo de Jaime Garzón desde la Plaza de Bolívar hasta un cementerio en el norte de la ciudad. No había sentimientos encontrados, todos, al unísono, rechazaban una de las muertes que más han dolido en los colombianos. Tan masiva fue la peregrinación que un puente peatonal se vino a pique porque no logró soportar la cantidad de gente, cobrando la vida de tres personas. Jaime figurará por mucho tiempo, no sólo en la consciencia de todos aquellos que lo conocieron, sino en la vida de todos los que luchan por una patria, un mundo más justo. Garzón estará presente en cada persona con espíritu crítico, alegre, con intensiones honestas, que quiera construir con los otros y para los otros un lugar mejor donde vivir.

EQUIPO ORIENTACIÓN

9 comentarios:

  1. LO MATARON, SÍ, PERO SIGUE BRILLANDO EN LA CONSCIENCIA DE TODOS AQUELLOS QUE RIEN AÚN EN CIRCUNSTANCIAS ESCABROSAS Y TRISTES; EN AQUELLOS QUE AMAN SIN MEDIDA; EN AQUELLOS QUE SON TAN MADUROS, QUE HACEN MOFA DE LA REALIDAD.

    "PODRÁN MATAR A LAS PERSONAS, PERO NO SUS PENSAMIENTOS" (ERNESTO GUEVARA DE LA SERNA)

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  2. Una vez más este sencillo espacio abre sus puertas para recibir a otro gran hombre, grande porque desgastó su vida al servicio de los débiles, excluidos y maltratados... gran hombre porque asumió su fe como un compromiso concreto que aquí y ahora hace presente el amor infinito del Dios de la vida... grande porque anunció el Reino y denunció lo que se alejaba del mismo... DESCANSE EN PAZ MONSEÑOR JAIME, TESTIGO DE ESPERANZA.

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  3. NORBERTO TAMI MARTÍNEZ24 de marzo de 2011, 6:34

    En este mundo todavía ávido de poder; hijo de la corrupción, la mentira, la injusticia, la violencia... engendrado por todo aquello que despersonaliza, maltrata, quita, celebramos 31 años de la entrega total de nuestro hermano Oscar Romero, defensor de los pobres y desavlidos de su tierra, símbolo de la voz profética de la Iglesia en América Latina.
    Hoy, le pedimos al dueño de la vida que infunda en nosotros el mismo espíritu que impulsó y acompañó a Oscar a ser feliz entregando su vida por muchos.

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  4. Monseñor me enseña que uno puede vivir como "religioso" en muchas de sus seguridades, pero que es ante el sufrimiento y la perdida de la vida de los demás que florece la verdadera vocación.

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    1. Tu estudiaste con Jaime Garzon en el seminario¿

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  5. Me alegra el corazón saber que se están reconociendo los santos contemporáneos que vivieron en nuestra época y que quizás conocimos y de los que aprendimos en el campo de trabajo por los pobres. Me alegra ver entre ellos a Mons. Jaime Prieto, abanderado de la causa de los trabajadores y trabajadoras de Colombia. Recuerdo a Jaime como el hombre de Dios en medio de los trabajadores que luchaban por la reivindicación de sus derechos. Crecer y beber de la escuela de vida y misión de Jaime Prieto fue una gran enseñanza de que vale la pena vivir, luchar, amar y morir cómo lo supo hacer él, "hasta rendir la última jornada en la más autentica labor de apostolado"

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  6. interesante todos estos señores que dieron partes de si mismo por lo de los demas!!!!

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  7. Estoy buscando compañeros y profesores de Jaime Garzón... Quien pueda ayudarme con info le agradezco me escriba a natis587@hotmail.com Es para una serie de tv que estamos desarrollando. Luego les explico! gracias

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