sábado, 23 de mayo de 2015

Celebra la vida reflexionando

“No hay paz sin Justicia Social.” Reza un letrero en alguna calle de la ciudad.

Y es verdad, parece ser que la antesala de la paz es la justicia. Por lo menos eso es lo que pide todo el mundo: Piden justicia las víctimas de la violencia, los desplazados, los profesores, los médicos, los transportadores, los campesinos, los que se quedaron sin casa, sin dónde sembrar una mata, los estudiantes, en fin la justicia viene siendo el clamor popular de tod@s  aquell@s  que alguna vez nos hemos sentido atropellados por otros con más poder que nosotros.

Pero, ¿qué clase de justicia estamos pidiendo?
Escuchamos por radio, por televisión, a veces en vivo o leemos por el periódico la cantidad de abominaciones, violencias y malos tratos que se cometen a diario, al tiempo que el pedido unánime es justicia: “¡Quiero que me devuelvan!” “¡Quiero que me entreguen!” “¡Quiero que me digan!” “¡Quiero que paguen!” “¡Quiero que les caiga todo el peso de la ley!” “¡Quiero que se pudran en la cárcel!”

Entendemos de esta forma la justicia como una manera de retribuir, reivindicar únicamente los derechos de las víctimas, que seguirán siéndolo aun cuando se les indemnice económicamente porque hasta donde el entendimiento me alcanza, no hay dinero que valga para sanar las heridas causadas por la pérdida  violenta de un ser querido o de los bienes materiales, así como no alcanzaría el oro del mundo para llenar el vacío existencial que deja los miles de desaparecidos o tan siquiera “pagar” por los daños y perjuicios morales causados a cualquiera que sea víctima del odio y la brutalidad humana.

Esta justicia, así entendida y auspiciada por la propaganda y la verborrea de los medios de comunicación sólo alimenta el odio colectivo y deja un vacío infinito en las víctimas por cuanto nunca ni de ninguna manera se ve satisfecha en su implacabilidad.

Justicia, sí, pero la que propuso Cristo Clavado en la Cruz perdonando a sus verdugos, la misma de la que hizo uso durante toda su vida; sólo por citar, cuando reivindicó a la mujer adúltera, cuando fue a casa de Zaqueo, cuando visitaba a los publicanos no sólo para señalarles sus errores sino para invitarlos a ser constructores de su Reino, cuando fue detrás de un Centurión a curar a su siervo, en fin, tantas historias de Jesús en donde lo vimos reivindicando, restaurando no sólo a las víctimas sino a los victimarios…

El tiempo pasa, corre sin detenerse, todo cambia, todo pasa, pero no pasa la perversidad de aquellos que llenos de odio manipulan la conciencia de las víctimas para no dejar apagar la llama de la violencia, aquellos que en nombre de la justicia y de la paz, buscan la manera de hacer sufrir a los otros en igual o peor magnitud, las persecuciones y vejaciones con que fueron tratados. NO, de eso no se trata, dijo el Nazareno Clavado en la Cruz: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, el  mismo que hoy como hace veinte siglos dio a sus seguidores la tarea de perdonar los pecados, los ajenos y los propios porque por más justos que intentemos ser también tenemos nuestros deslices e imperfecciones.

Hoy, no es retribución sino restauración lo que nos pide el Espíritu que Cristo sopló sobre nosotros. Es la restauración de la persona de las víctimas como de los victimarios lo que hace que la justicia sea verdadera y, para ello, hay que emprender serios procesos de perdón no desde la farándula de la prensa, sino desde lo más profundo de nuestro corazón,  y que se expresen en acciones concretas, serias y comprometidas en la transformación de nuestro entorno y de nuestra historia.

“Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo. Reciban el Espíritu Santo…”


EQUIPO ORIENTACIÓN se une a la alegría del pueblo salvadoreño y a la de todos aquellos en quienes late la palabra y obra de Monseñor Oscar Romero. Consideramos que es un acto de justicia y de reconocimiento a la entrega total del “profeta de pecho herido siervo de la luz quemante”. Llamado beato Monseñor Romero seguirá resucitando en muchos rincones de la tierra en todos aquellos que se animen a soñar y construir “otro mundo posible”.  

domingo, 17 de mayo de 2015

Celebra la vida reflexionando

Este fin de semana los cristianos –de diversas religiones- nos detenemos a contemplar lo que llamamos la ascensión de Jesús. Cuentan los evangelios que el Maestro, en presencia  de los suyos, subió al encuentro con el Padre de la Vida, no sin antes darles la tarea de encender al mundo con la Buena Nueva de un Dios Amigo, cercano, que asumiendo lo que somos nos señaló el camino a la felicidad común.

Este fin de semana contemplamos no un dogma de fe, sino la experiencia de hombres y mujeres que reconocieron en Jesús la presencia del Dios de la Vida. Este domingo en realidad celebramos la fiesta de la humanidad renovada y re-creada en la persona de Jesús. Es que en la persona de Jesús la humanidad adquiere un nuevo sentido, ya no se trata de un proyecto inacabado, perdido en el horizonte; se trata del plan de Dios para sus hijos e hijas hecho concreto en las palabras y acciones del Maestro. El Plan de Dios que es la vida, la felicidad, la justicia, el bien común.

“La gloria de Dios consiste en que el hombre viva”, decía uno de los primeros cristianos sabiendo que a Dios le interesa el bienestar de sus hijos e hijas; que Él se alegra con la alegría de los suyos, que sufre con ellos, que camina con ellos en cada etapa de la historia.

La ascensión de Jesús es la ascensión de la humanidad al encuentro con un Dios Amigo que tiene un plan común para su creación. Ascender es un compromiso con el momento histórico, algo así como lo vivieron los apóstoles y las mujeres cercanas al Maestro: empezaron a vivir en libertad, en el amor, en el servicio, nacieron comunidades fundadas en el bien común y no en el egoísmo y con sus vidas fueron testigos de la Nueva Vida, aquella que nos vino en el Nazareno. Empezaron a llevar esta Buena Noticia, no atropellando la fe de los otros sino contándoles con palabras y obras su experiencia y así fueron encendiendo corazones que se sumaban a la  “locura del amor”.


Los cristianos tenemos hoy una serie de compromisos urgentes con la historia, acercar diversas realidades al plan de Dios: reconocer en la creación la casa común de la vida, no solo la del ser humano, así empezaremos a respetar la vida y los ecosistemas; cambiar el orden social fundado en el egoísmo unos encima de otros, para empezar a construir la felicidad común; olvidar las peleas por dogmas religiosos para unirnos en acciones comunes que hagan concreto el respeto por la vida y el bien común… Ascender es un riesgo, es un descolocarse, es una necesidad, es un proyecto que hoy el Dios Padre quiere que asumamos…  

EQUIPO ORIENTACIÓN

domingo, 10 de mayo de 2015

Celebra la vida reflexionando

“Yo no puedo ser la dueña del mundo, pero sí la hija del dueño y por eso lo merezco todo, merezco lo mejor…” En alguna parte de este mundo y de la voz de una mujer, escuché alguna vez esta frase que si bien tiene algo de cierto, también está cargada de ese sentimiento de  arrogancia y arribismo que habita en el corazón y la vida de no pocos creyentes que en la línea Calvinista aducen que la bendición divina se expresa en la adquisición o tenencia de bienes materiales en abundancia, luego quien tiene mucho y gasta mucho es porque dios lo ha “Bendecido” de una manera descomunal porque ha sido una persona generosa, buena, amable, misericordiosa, en fin, un mar de bondades… Y quien no tiene nada termina –como siempre- señalado de maldito, reo y pecador, “porque algo debe haber hecho para estar así.”

Y entonces, ¿cómo es posible que si todos somos hijos del dueño del mundo, unos tengan más y otros tengan menos? ¿Acaso Dios se contradice? ¿Es que acaso Dios hace acepciones? ¿Es que acaso Dios tiene un amor condicionado? ¿No será esta manera de entender, una burla de lo que Dios quiere verdaderamente? ¿No será que esta manera de comprender la bendición de Dios, y a Dios  mismo, en vez de unirnos nos separa de él y de la comunidad en cuanto que lo que privilegia son las rencillas y los descontentos?

Pues bien, es una realidad que todas y todos somos hijos de Dios, pertenecemos a su pueblo, pueblo conformado por todas las religiones y hasta por quienes no se adhieren a ninguna. Y si todas y todos somos hijos de Dios, Hermanos y amigos de Jesucristo, pues es a todas y a todos los que Dios bendice con su amor, compañía, misericordia, perdón, bondad, alegría, paz y demás dones y carismas que hacen nuestra vida más digna y más feliz. Luego, mal hacemos al reducir la acción de Dios a la mera consecución de bienes materiales.

Parece ser que detrás de ese: “Yo soy hij@ del dueño del mundo…” no hay nada más que un mero afán egoísta. Es que de repente nos llenamos de ese sentimiento filial, es decir, nos acordamos de ser hijos de Dios sólo para reclamar, pero a lo mejor no nos acordamos de esta realidad cuando se trata de ayudar a alguno de nuestros hermanos que sufren o de comprometernos aunque sea un poquito con su proyecto de un mundo más justo y más humano.

Entonces, ¿Para qué ser hijo de Dios? ¿Para exigirle? ¿Para amarle? ¿Para extorsionarle? ¿Para caminar con él con todo y lo que venga?

Queda claro con las lecturas de esta liturgia Dominical que “Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea.” Es decir, a Dios no le importa lo que hagamos por complacerle, a Dios no le interesan tanto nuestras exigencias, sino si en conciencia nos comportamos o no como sus hijos. No para bendecirnos o maldecirnos porque Él siempre nos bendice sino para saber –supongo, tomándome el atrevimiento de pensar por Él- con quienes cuenta para realizar su obra y con quienes aún no para seguirlos llamando e invitando.

Dios es un ser de infinito amor que siempre nos llama y nos espera, Él nos muestra el camino para hacer de nuestro entorno un lugar más habitable, más justo, más feliz, Él nos inspira, nos llama amigos, nos llama hijos, ¿estamos verdaderamente dispuestos a vivir como hijas e hijos de Dios en un mundo que prefiere manipularlo todo –hasta a Dios mismo- en favor de los intereses de unos pocos?

“Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.”

EQUIPO ORIENTACIÓN 

domingo, 3 de mayo de 2015

Celebra la vida reflexionando

Por estos días en que aún la esperanza y la alegría de la Resurrección se experimentan, los textos bíblicos proclamados en las iglesias cristianas cuentan cómo la fe en el Maestro de la Vida fue expandiéndose…

Resulta llamativo este fenómeno que logró permear imperios, religiones y transformar la vida de hombres y mujeres de todos los tiempos. ¿Cómo lo hacían? ¿Por qué muchos decidieron seguir al Maestro incluso hasta la muerte?

Y entonces tenemos que poner la mirada en los hombres y mujeres que estuvieron cerca al Nazareno, pues fueron quienes empezaron a incendiar el mundo con la vida de un hombre pobre, un hombre que les cambió sus vidas y que podría cambiar la vida de miles.

Entonces va adquiriendo sentido el acontecimiento histórico de la expansión del cristianismo, nunca sabremos si Jesús quiso una religión, lo que sí podemos ver es a hombres y mujeres a los que el Maestro les transformó su vida y que amándolos tanto encendió en ellos la locura del amor que los llevó a amar y servir a otros sin importar credos, posturas, razas, condiciones ni naciones.

Jesús es en verdad un Maestro, se acercó a los suyos, los acogió, conoció, comprendió, educó y amó hasta hacerlos personas nuevas, comprometidas con la felicidad común, seguros de que Dios camina con ellos en las buenas y malas, seguros de que el único y verdadero camino es el Amor que se dona, que se entrega sin reservas, que clama justicia, que lucha por la vida. 

Y es así como empieza la comunidad cristiana a ser testiga de la obra del Maestro hecha a través de ellos: la conversión de Saulo un asesino de cristianos, el compartir del pan diario, la inclusión, nadie pasaba hambre, los enfermos se sanaban… Empezó esta comunidad a ser luz en un mundo egoísta, doblegado por el imperio romano, empezó a ser esperanza. Cuestionando las instituciones y costumbres deshumanizadas impulsó a muchos a unirse a la locura del amor, del servicio, de la felicidad compartida, del dolor soportado en común.

En esas comunidades empezaron a recordar cada palabra del Maestro, cada gesto, cada acción e iban encontrándole sentido porque el Espíritu del Padre hacía su obra en cada vida, en cada situación, en cada palabra… Recordaron las promesas de Jesús justo antes de entregarse, por ejemplo asumieron que solo unidos a Él, a su mensaje, a su misión otro mundo era posible; por eso, siempre lo tuvieron como centro, sin arandelas ni interpretaciones comodonas, a Él en cada una de sus palabras y acciones y procuraron hacer vida sus enseñanzas.

Ojalá por estos días de crisis institucional, familiar, religiosa, de grandes cambios y de reclamos constantes de nuestra madre la tierra pusiéramos nuestros ojos en el Maestro y en los primeros cristianos y aprendiéramos de ellos…

“Permanezcan en mí, como Yo en ustedes…”

EQUIPO ORIENTACIÓN