domingo, 28 de junio de 2015

CELEBRA LA VIDA REFLEXIONANDO.




No la han tenido muy fácil las mujeres desde que a alguien se le ocurrió pensar, decir y escribir que por una mujer le entró la desgracia al mundo. Es así como desde Eva, la esposa de Adán hasta nuestros días, el género femenino ha tenido que guerrearse su puesto en el mundo; el puesto que tal vez, algún machista, algún misógino o algún despechado usurpó al interpretar y afirmar que Dios quiso que el Hombre estuviera por encima de la Mujer desde siempre y para siempre.

En un mundo donde las personas y las instituciones excluyen al que se deje por esto y por lo otro, es colmo y desventura que también se afirme que Dios es excluyente y, en su nombre rechazar, vetar, juzgar y condenar sin justa causa.

“Pero eso es lo que dice la Biblia.” “Eso es lo que nos han enseñado en esta iglesia y en esta otra.” “Eso es lo que nos han enseñado nuestros padres.” “Eso es lo que hemos visto en casa.” Dirán desde los más conservadores hasta los más confundidos cuando les digamos que tanto la Mujer como el Hombre fueron creados con la misma dignidad para disfrutar de los mismos derechos y participar por igual en la construcción y transformación del mundo y de la historia.

Hoy tendremos que decir, tanto para los unos como para los otros, que, si se afirma que la Mujer fue sacada de la costilla del Hombre no es para señalar que el Hombre es superior a ella sino para recordarle que es carne de su carne, luego también siente, piensa, sufre, goza, cree, sueña, trabaja y se cansa.

…Si se afirma que fue la mujer quien sedujo –convenció- al débil de cerviz y convicción de Adán, será para recordarnos a todos que tanto Hombres como mujeres estamos expuestos a las mismas tentaciones, seducciones y debilidades, y a errar tomando los caminos de la destrucción y de la muerte.

Y si aún quedan dudas sobre la igualdad de derechos y libertades que existe entre los dos géneros no es sino volver la mirada a las palabras y las acciones de Jesús frente a las mujeres de su tiempo, y entre ellas las acontecidas en el relato Evangélico que la Liturgia de la Iglesia propone para este domingo, en el cual nos encontramos con la historia de dos mujeres: La primera que busca ser sanada por Jesús, pero lo hace a través de un intermediario, Jairo, su padre, el Jefe de la sinagoga quien es consciente del valor de  la mujer en la figura de su Hija, y por eso acude a Jesús para que la sane.
La segunda, una mujer cansada no sólo de su enfermedad sino también de la Exclusión  a la que es sometida por esta misma causa que, consciente de su dignidad y de su lugar en el mundo, busca la sanación por iniciativa propia y sin intermediarios.

Al final ambas mujeres se curan, se sanan. Se curan de sus males físicos y se sanan de las heridas causadas por una sociedad que las excluye para seguir construyendo su propia historia dentro de la historia común.

Hoy, como hace veinte siglos, la mujer sigue siendo maltratada, rechazada,  atropellada, utilizada, desvalorizada. La cultura patriarcal, machista y misógina la ha subvalorado así como ha depreciado sus capacidades, sus valores, su potencial productivo, administrativo y organizativo, reduciéndola a un mero accesorio de la vida del Varón, a un objeto sexual que puede pasar de mano en mano, algo que hoy se posee y mañana se tira o simplemente se tiene en cuenta por aspecto físico, y en el más cruel de los casos por su capacidad reproductiva.

El género masculino queda muy mal parado en la historia por ser el punto que desata tal desigualdad e ignominia, sin embargo, “El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos.” Por lo tanto, es tiempo de que las Mujeres sean las primeras abanderadas en la reivindicación de sus derechos y que los Hombres seamos cada vez más capaces de valorarlas, así como de apreciar su potencial intelectual, físico y humano en la construcción de ese “otro mundo posible” desde la mirada de Jesús, que levanta, que sana, que reivindica y que dignifica a toda mujer.


domingo, 21 de junio de 2015

Celebra la vida reflexionando

“Profe,  ¿Por qué Dios no me escucha? Todos los días le rezo por la salud de mi abuelito y él no lo cura”… Fueron las palabras de una niña al terminar la clase un miércoles de esos cargados de mil cosas por hacer y ocupaciones que se vieron relegadas a un segundo lugar, pues la pregunta de esta niña de diez años ocupó mis pensamientos el resto del día.

Recuerdo que en ese preciso momento no tuve más que un fuerte abrazo para aquella inocente que ama profundamente a aquel viejo terco que no deja el alcohol y eso agrava cada día más su enfermedad. Pues bien, pasado el momento emotivo empecé a buscar las causas de aquella gran conclusión en tan pequeña niña.

Entonces empecé a ver allí una falsa imagen de Dios que nos han inculcado. Un dios milagrero que de la nada hace cosas: sana enfermedades, da dinero y concede cuanta locura se nos ocurra pedirle; el mismo dios al que le pedían puntería en Medellín los sicarios;  Un dios que de amigo, cercano y compañero de camino tiene más bien poco; un dios que funciona como una máquina al que le pedimos y esperamos, ojalá en el menor tiempo posible, el producto añorado y puesto bajo su gran poder.

Luego, recordé al Nazareno. Vinieron a mi mente imágenes de Aquel Maestro incomprendido y maltrato por la barbarie humana hasta la muerte, lo vi azotado, caminando con la cruz a cuestas y perdonando a esos que lo habían colgado en el madero de la ignominia,  siendo el más inocente de todos pues la razón de sus acciones no fue más que el amor profundo por la humanidad.
Y entonces, comprendí cuánto mal hacemos a la fe, a la esperanza y a la vida de los seres humanos cuando hacemos de Dios un ser milagrero, lejano del todo al Dios de Jesús. Pareciera que quisiéramos, a toda costa, desaparecer la condición limitada de esta existencia temporal y material, que buscáramos no sufrir, no esperar, no luchar… Así hacemos de dios un ser que rompe nuestros sueños e ilusiones, porque no vemos resuelto como por arte de magia eso que es propio de nuestra condición.

Retomando los últimos momentos de Vida del Maestro, entonces Dios aparece no como un milagrero sino como un Dios que movido por amor asumió lo que somos y desde allí nos comprende, fortalece y acompaña. Esa era la certeza que tenía el Maestro en sus últimas horas, sabía que no estaba solo, que su esperanza estaba puesta en Aquel que nos ama sin medida y que llegado el momento haría su obra en él.

Así, Dios se convierte en aquello que nos mostró Jesús: un Dios consciente de nuestra humanidad, de nuestras limitaciones, de nuestras alegrías y tristezas y que en ellas se hace presente para señalarnos el camino y hacer su obra entre nosotros. Esta certeza es la que mueve a los que sufren hambre, pobreza, injusticia y enfermedad a seguir adelante, a dar sus luchas por cambiar su situación seguros de que el Dios de la Vida está ahí con y para ellos.

“Dios escribe derecho en renglones torcidos”…


EQUIPO ORIENTACIÓN

domingo, 14 de junio de 2015

Celebra la vida reflexionando

Maltratar, burlarnos, hacer matoneo, señalar, juzgar, gritar, insultar, humillar, excluir,  robar, matar a nuestros semejantes, caerle al caído es el camino más fácil, es lo que puede hacer cualquiera frente a cada una de las realidades con las que nos topamos a diario. Es así como de manera casi inconsciente justificamos el sufrimiento y la muerte de algunas personas: “Es que son ladrones”, “es que son viciosos”, “es que son homosexuales”, “es que son mujeres”, “es que son negros”, “es que son pobres”, “es que son nerds”, “ es que son guerrilleros”, “es que son soldados”, “es que son paracos”, “es que son de izquierda”, “Es que son de derecha”, “ es que son ateos”, “es que son feos”, “es que son brutos”, “es que son ñeros”,  “es que son indigentes”, y así nos pasamos la vida…

En contraste, porque el ser humano es volitivo y un ser de contrastes nos encontramos con la contraparte: Personas que de manera casi inconsciente buscan siempre el bienestar del otro, su felicidad, su seguridad, su salud, que se conviertan, que tengan oportunidades, que tengan muchos años de vida, y encausan todos sus esfuerzos por hacer realidad esta comprensión de la vida en para cada uno de sus semejantes.

Ciertamente en la inmensa mayoría de seres humanos coexisten las dos tendencias, entonces habría que preguntarnos: ¿A cuál le hemos abierto más espacio en nuestra vida?

Para responder el anterior cuestionamiento, el Evangelio de este domingo nos puede ayudar a comprender mejor a aquellos que decimos ser creyentes y constructores de ese tal Reino de Dios.
En primer lugar ese Reino es semilla que da fruto por sí misma, y, ¿qué ha sembrado Dios en nosotros? Cuando nacimos vinimos impecables, inspirábamos ternura, unidad, bondad, éramos signo de alegría, de vida, de libertad, de amor, de esperanza sólo por citar algunos ejemplos… De todo ello, ¿qué conservamos hoy? Tal vez algo, tal vez todo, tal vez nada, sólo nosotros sabemos cuánto de esto que Dios ha sembrado en nosotros ha germinado y ha dado fruto.

En segundo lugar ese Reino es Semilla que crece y se hace albergue, guarida, cambuche, casa, hogar, de tod@s aquell@s que quieran anidar sobre sus ramas, es decir, el Reino es inclusión, bienvenida, acogida, apertura, abrazo…

A manera de conclusión, el tal Reino de Dios no es exclusivo de algún lugar, no se hace sólo en el Templo o en la oración o en la calle o en el trabajo o en el colegio o en la casa; es en todas partes donde el creyente vaya llevando su amor, su comprensión, su ternura, su voz defensora de los derechos de tod@s, su abrazo fraterno, su acogida, su sonrisa, su franqueza, su bondad, su palabra, escucha y acción liberadoras como semillas de “otro mundo posible”, de una nueva humanidad.

“No busquen la eternidad entre las cuatro paredes de una Iglesia, ni en la hipocresía de la confesión; la verdadera eternidad está es allá afuera, está en las cosas que somos capaces de hacer hoy, aquí, tal y como lo hizo Cristo, Él, que supo caminar sobre las aguas turbulentas de la historia, y que nos regaló su vida como un ejemplo de amor.”

EQUIPO ORIENTACIÓN 

domingo, 7 de junio de 2015

Celebra la vida reflexionando.

Cuenta Marcos que Jesús y sus amigos, reunidos en la mesa, compartieron el pan y el vino. No fue esta una cena común, esta sería la cena que marcaría la existencia de los doce. Allí Jesús les entregó su amor por completo, les entregó su vida, su amor inagotable, les dijo que por amor a la humanidad su sangre y su cuerpo serían inmolados. En la mesa, allí en la que todos caben, en la que nadie es más, en la que todos reciben lo mismo; fue en la mesa en donde Jesús les dejó el más grande don de amor: la eucaristía.

En la eucaristía, Jesús realizó tres acciones que nunca olvidarían los suyos: Bendecir: agradecer al buen Dios por la vida, el pan, los amigos, la familia, es decir reconocer que todo viene del amor del Padre; Partir: la creación es la casa de todos (hombres y animales) dar a cada uno lo que le pertenece, aquí no caben la avaricia y el egoísmo, en la cena el Maestro da a todos por igual incluso a Judas quien luego lo entregaría; Compartir: el pan, la vida, el amor, el perdón, el alimento, el techo, el conocimiento…

En la celebración de la cena realizada por Jesús y los suyos está realizado el Reino de Dios que todos estamos llamados a construir aquí y ahora. Sólo reconociendo que la vida es un don (bendecir), que todo nos viene del amor sin límites del Padre, que la tierra es la casa común empezaremos a cuidar la naturaleza, a dejar de acumular riquezas y a buscar la Justicia; sabiendo que nada nos pertenece, que nuestro paso por el tiempo y el espacio son efímeros de seguro empezaremos a partir, no para enriquecer a unos pocos sino buscando que a ningún  ser vivo le falten los bienes necesarios para vivir; por último, el compartir todo porque es de todos será la certeza de la vida, de la paz, de la armonía y de la construcción de ese “otro mundo posible”.

Ojalá hagamos de la vida una eucaristía!

EQUIPO ORIENTACIÓN...