domingo, 26 de abril de 2015

Celebra la vida reflexionando

En buena hora el Espíritu que rige los destinos de la historia nos pone a los cristianos hoy frente a la figura del “Pastor” y del “Rebaño” que aunque bien lejos se encuentran ya de nuestra cosmovisión –porque hoy son pocos los rebaños que vemos- sí ilustra mucho de lo que acontece en nuestro entorno.

Hoy, cuando en nuestro mundo y concretamente en esta porción de Latinoamérica bautizada Colombia encontramos infinidad de avivatos queriendo dirigir –pastorear- los destinos de los pueblos a costa de manipular la consciencia colectiva a favor de sus intereses y causas particulares… Hoy, cuando encontramos que aunque se habla de libertades, de autonomía y se promueve la diversidad existen no pocas personas dispuestas a dejarse  dirigir –pastorear- su presente y su futuro, es necesario revisar frente a la única autoridad del pastoreo, Jesús de Nazaret,  de qué o de quiénes estamos dejándonos pastorear, y qué o quiénes son nuestros pastores…

Vox Populi es la actual situación de esta patria, en donde tod@s hemos sufrido directa o indirectamente las inclemencias de esta guerra sin cuartel y sin sentido que ha cobrado la vida de más inocentes que partidarios.

Remitámonos al último de los acontecimientos, el que rebosó la copa de la “indignación” nacional, la muerte de un grupo de Soldados a manos de la guerrilla de las FARC. Inmediatamente en los medios de comunicación como en las redes sociales se manifestó el rechazo y la condena a esta acción tan terrorista como la de dejar morir a alguien en la puerta de un hospital, como la de ejecutar jóvenes extrajudicialmente para presentarlos como bajas de guerra, como la de avasallar a palos, gases, tiros y fuerza a quienes ejercen su legítimo derecho a la protesta, como la de gastarse en lujos los recursos públicos, como la de quitar otros tantos a la Educación pública, de calidad y gratuita, entre tantas otras perlas.

Es que de golpe nos entra una indignación tan inconmensurable como repentina y pasajera por estos hechos tan dolorosos en la historia nacional, pero olvidamos el compromiso que como ciudadanos tenemos con el presente y el futuro de esta patria, desde siempre abusada y explotada por sus incestuosos padres que, dueños del poder y de los medios de comunicación, tocan el bombo que retumbará lo que sea necesario para lograr su cometido siempre egoísta, manipulador y acaparador.

Todos queremos, soñamos y luchamos –bueno, no todos luchamos- un país justo, en paz y con oportunidades para todos; unos lo sueñan desde el diálogo, muchos lo sueñan -y ya lo hacen- desde la vía armada. Lo cierto es que tod@s queremos la paz, y esta no puede estar construida sobre los huesos, las calaveras, ni la dignidad de ninguno más, tiene que ser de otra forma. Busquémosla entre tod@s.

El Evangelio nos propone empezar desde lo básico: Si quiero cambiar el mundo debo empezar por la única parte de él de la cual soy el verdadero y único responsable, YO. Y a partir de allí, cultivar a través del diálogo, la apertura y la crítica nuestras propias ideas, sacar nuestras propias conclusiones y compromisos sin que nadie nos diga qué tenemos qué hacer ni cómo hacer ni qué pensar.

Busquemos salir del egoísmo que pastorea nuestro corazón y nuestra voluntad, de modo que siguiendo los pasos del único Buen Pastor nos comprometamos a construir la paz más acá de los diálogos de la Habana, es decir, en nuestras familias y comunidades, y en donde seamos capaces de solidarizarnos no de una manera parcial sino total y duradera con el dolor de las víctimas directas que hasta hoy son sólo usadas como aliciente para promover la dinámica violencia.

EQUIPO ORIENTACIÓN


domingo, 19 de abril de 2015

Celebra la vida reflexionando.

Hemos sido bombardeados esta semana por noticias de muerte y desolación, de masacres; hemos sido testigos –una vez más- del horror de la guerra, de las consecuencias de un sistema egoísta e inhumano, hemos sentido asco al ver a los “politiqueros” del país haciendo mofa y sacando provecho de la muerte de 11 pobres que nada significan para el estado ni para quienes hoy los usan como trampolín al poder. Hablo de Colombia, de un país que lleva más de 2 siglos gobernado por egoístas que han construido la nación injusta, desigual y violenta que hoy somos; me disculpará querido lector, pero hoy tuve la necesidad de empezar por hechos dolorosos como este, tal vez usted desde su país sienta hoy lo mismo: impotencia, cansancio y dolor por la ilógica que predomina hoy en nuestros países.

Es aún más paradójico y cuestionante que hombres y mujeres que dicen creer, amar y seguir a Jesús de Nazaret sean los mismos que gritan y exigen más violencia, más guerra, más muerte; estos que dicen seguir al Maestro del amor, del perdón y del servicio; estos que dicen seguir al Hombre que colgado en un madero, masacrado, humillado y lastimado en todo su ser usó sus últimos alientos para gritar: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. ¿Dónde está la coherencia? ¿A cuál Jesús dicen amar y seguir?

Y entonces, escuchamos de voz de Jesús en este domingo en que aún muchos seguimos contemplando el misterio de la Pascua: "PAZ A VOSOTROS”, son las palabras del Maestro a los suyos que están en desolación, con miedo, que empiezan a ser perseguidos por el Imperio. Paz, es el profundo deseo y don que Jesús les y hoy nos trae.

¿De qué paz está hablando?  Me aventuro a pensar en la paz que nos viene al sentirnos acompañados por un Dios cercano que Ama sin medida, que camina con nosotros en esta “balacera que es la vida”, que sufre con su pueblo, que hoy sufre con las familias que lloran a sus hijos, que se indigna por el maltrato que hacen a sus hijos e hijas. Esa paz que nos viene del Maestro se traduce en esperanza, en la certeza de la compañía de un Dios Amigo.

La paz del Maestro también es una apuesta por la vida, por la justicia, por la equidad, por la verdad, por el diálogo, por la reparación, por la inclusión… Dice el Evangelio de Lucas, que luego de saludarlos con la paz se sentó con ellos en la MESA, la mesa en la que todos caben, en la que nadie es más que nadie, en la que la vida es sagrada, en la que se dialoga, en la que el amor es la única norma, en la que el odio y la exclusión no tienen espacio… Termina la cena con un compromiso: “Son testigos de esto”, es decir desde ese momento serían hombres y mujeres de paz, constructores de “otro mundo posible”, en nombre de Dios empezarían a defender la vida, a llevar la Buena Nueva traída por Jesús. 

El Maestro de la Vida que pasó por la muerte, por la injusticia y la violencia del sistema de su época es el mismo que hoy nos reclama más compromiso con la historia, más sentido crítico, más defensa de la vida, más justicia e inclusión, más amor.


 EQUIPO ORIENTACIÓN

domingo, 12 de abril de 2015

Celebra la vida reflexionando

De muchas maneras la historia nos habla; a través de las revoluciones de los hombres y las de Dios nos ha enseñado que el mundo es un lugar diverso, que no es a blanco y negro sino multicolor en donde coexisten las culturas, las razas, las religiones, los sexos, las ideas, las maneras, las formas, en fin…
No en vano, muchos de nuestros congéneres, en las distintas etapas de la historia se han abanderado en la lucha por la defensa de la vida, de la diversidad y del legítimo derecho que tenemos todos de pensar, creer, sentir, hacer y decir según dicte nuestra consciencia.

Que el mundo sea diverso, no es sólo querer o capricho humano, es el querer de un Dios que pensó en los sexos, que creó otras formas de vida fuera de lo humano, que confundió la lengua de los hombres y las mujeres en Babel, que no le gustan los sistemas injustos, esclavizantes y represivos, que ama la justicia tanto como a los débiles y que se hizo hombre para acompañarlos realizando en ellos el milagro de la vida, del compartir, de la solidaridad, del amor, de la comunidad.
Hablamos concretamente de Jesús, aquel Nazareno que nos mostró el verdadero rostro del Padre Dios, tantas veces ausente, oscurecido y empañado en la historia de nuestros pueblos.

Jesús, el que nació en un pesebre, el que creció entre los pobres de su época, el amigo de los pequeños, los marginados, los enfermos y los pecadores, el que hizo tanto bien, el que lavó los pies de sus discípulos, el que supo asumir con valentía las consecuencias de su opción de vida, el que perdonó siempre, aun a quienes sin remordimiento alguno lo condenaron y gozaron con la ignominia de su muerte: -“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”-. En resumen, aquel que con su vida y su palabra nos enseñó que la salvación –felicidad- no está sujeta a la obediencia y sumisión de un conjunto de normas amañadas, que pesan sobre los hombros de mujeres y hombres, y que en vez de redimirlos y dignificarlos terminan por hacer de la vida un evento monótono, infeliz, sino a la capacidad de abrir nuestra existencia al amor que nos re-crea en nuestra humanidad y renueva cada día nuestras fuerzas en la construcción de “ese otro mundo posible” del cual todos somos potencialmente obreros.

De Jesús se podrán decir muchas cosas, y entre tantas, habrá quienes quieran quedarse con su faceta meramente humana, así como habrá quienes se queden sólo con lo divino, y ambos tendrán razón puesto que lo más divino de Jesús es su humanidad y lo más humano de Jesús es que siendo Dios haya querido compartir nuestra condición. Jesús es el complemento de estas dos realidades separadas caprichosamente tantas veces.
En Jesús, podremos encontrar un ser justiciero o un amigo, alguien solidario con las causas nobles de la humanidad o un ser pasivo, inerte, indiferente; alguien a quien debemos tributo en sacrificio y mortificaciones o alguien que prefiere la sinceridad de nuestros actos porque verdaderamente nos ama y nos conoce. Depende de nuestra mirada, de nuestra historia, de donde estemos parados… Por eso, comprender al Nazareno no puede hacerse desde dogmas, imposiciones, sino desde el encuentro con Él, desde la criticidad, desde la razón y el corazón.

En este asunto de comprender a Jesús, el Evangelio de este domingo nos interpela presentándonos un personaje, por tantos años, estigmatizado y señalado de prevenido e incrédulo, Tomás.
Pues bien, ¿no será este Tomás la forma como el Dios de la vida cuestiona nuestra tolerancia hacia las otras maneras de creer? ¿Será Tomás no un discípulo incrédulo sino el prototipo del creyente crítico, es decir, aquel que busca siempre más y más razones que sustenten lo que cree y re-creen su manera de hacer perceptible al Señor Resucitado en el mundo de hoy?

“Enséñame a conocerte, ¡oh mi buen Jesús!
Enséñame a vivirte, ¡oh mi buen Jesús!
Enséñame a predicarte, que tu voz sea mi voz y tu aliento, mi existencia, ¡oh mi buen Jesús!

 EQUIPO ORIENTACIÓN

sábado, 4 de abril de 2015

Celebra la Vida reflexionando

“Acoger con serenidad la muerte, porque pertenece a la vida, implica el dar la primacía a la vida y vivir una inexplicable libertad. Es vivir más y mejor. Es RESUCITAR”.[1]

Durante esta semana que estamos cerrando todos escuchamos de Aquel Nazareno llamado Jesús, el Maestro que cambió la historia de la humanidad. Cada uno a su manera, desde los espacios propios de las celebraciones comunitarias, otros en el silencio de su soledad, otros con lecturas fuimos admirando y actualizando la obra salvadora de Jesucristo.

Cerramos con la pascua. La Pascua, el paso que los judíos celebran de la esclavitud a la libertad, celebran a un Dios que no fue indiferente ante el dolor de su pueblo e irrumpe en la historia para hacer procesos de liberación personal y social. Pascua que los cristianos celebramos como el paso de la muerte a la vida, del pecado a la gracia, el mismo Dios asumió nuestra humanidad, nuestras limitaciones y desde lo que somos nos redimió, nos señaló el camino.

Es interesante detenernos en este día de alegría a pensar un poco en aquello que lleva a la Pascua. Cuando nos acercamos a Jesús descubrimos a un ser humano en todas sus dimensiones, un hombre concreto que vivió de tal manera que terminó restaurando la vida.

Tal vez la característica más grande del Nazareno sea la libertad. Libertad que le permitió darse por completo, sin esperar  retribuciones por sus obras, sólo motivado por el amor, sabiendo que esa semilla en algún momento daría sus frutos; libertad que le permitió no dejarse envolver por el sistema de su época y oponerse a todo aquello que dañaba la dignidad de los hijos e hijas de Dios; libertad que le permitió darnos a conocer con sus palabras y actos el verdadero rostro de Dios, es decir el Dios padre y madre, que nos ama sin medida, que es paciente, que camina con nosotros; libertad que le permitió asumir la cruz perdonando a sus verdugos; libertad que terminó en la nueva vida para toda la humanidad. 

La resurrección de Jesús es el más grande don que Dios ha dado la humanidad, no solo en la vida eterna que cada ser vivirá junto a Dios si no porque es una experiencia que se va gestando en el aquí y en el ahora, sobre todo  cuando cada uno de nosotros se anima a ser libre, a no dejarse manipular por el capitalismo egoísta y suicida, cuando se ama sin esperar nada a cambio, cuando se perdona comprendiendo las limitaciones propias de la condición humana, cuando se sufre con el otro y se  busca la manera de dignificarlo, cuando se cuida y valora la vida en cualquiera de sus etapas y manifestaciones, cuando se vive cada día como si fuese el último…

Feliz Pascua de Resurrección!!!

Equipo Orientación




[1] Leonardo Boff.

viernes, 3 de abril de 2015

Celebra la vida reflexionando.

Infinidad de creyentes se estremecerán y hasta se humedecerán los ojos de algunos al participar de los actos litúrgicos de hoy y recordar la ignominiosa e injusta pasión del Maestro de la Vida. La indignación  se apodera de muchos cuando recuerdan estos acontecimientos y, una y otra vez ronda el cuestionamiento sobre, ¿Cómo es posible que una persona tan buena –como lo fue Jesús- haya sido víctima de tanta injusticia y atropello?

Ciertamente, Jesús es una persona sin tacha, a la cual de pronto no conocemos mucho, pero sí defendemos con alma, vida y corazón.
De Jesús sabemos que es el hijo de Dios y, por tanto, el rostro amoroso del Padre Eterno que pasó por este mundo haciendo la voluntad de Dios, es decir, devolviendo la vista a los ciegos, el oído a los sordos, la voz a los mudos, la movilidad a los impedidos; en fin, un Dios solidario con el sufrimiento humano, incapaz de comulgar con la injusticia, la violencia, la exclusión, un Dios que levanta al caído, que valora a la mujer, que dignifica y que acoge con ternura liberadora. Por esto y por muchas otras experiencias amamos a Jesús, lo defendemos y le seguimos. Pues bien, todo eso que nos conduce a amar a Jesús de tal manera fue lo que a las autoridades y al poder social, político, económico y religioso de su tiempo le incomodó hasta el punto de querer eliminarlo por representar una amenaza mayúscula al orden establecido.

Más de dos mil años han transcurrido desde entonces, y hoy, aun cuando existe cantidad de iglesias que profesan su nombre y los avances de la tecnología nos han dado a conocer infinidad de datos sobre la vida de Jesús, nos ha quedado difícil comprender que la voluntad de Dios no es el sufrimiento ni la muerte de ninguno de sus hijos sino el Reinado de la Vida y que en cada persona que reclama sus derechos, que pide ayuda, que levanta su voz de protesta, que humaniza su forma de ver, juzgar y actuar, que quiere liberarse de sus vicios, de las cadenas que lo atan al conformismo, a la muerte; que en cada una de las personas que ama la vida, que la promueven, que la defienden no son “locos”, “malos”, “amorales” o un peligro para la sociedad en la que se encuentran sino que es Jesús mismo quien está en la primera línea de lucha. En ellos y ellas se hace presente el Maestro de la Vida que sigue dándose por amor, que sigue muriendo, que sigue gastando su vida por el bienestar de los otros.

Hemos separado la fe de la vida, y en ese sentido nos hemos quedado con un Jesús parcializado, un Jesús milagrero, farandulero, paternalista, benefactor de los buenos y vengador con los malos, al cual tenemos que cumplirle una sarta de normas y preceptos morales para mantener contento… Tristemente, hemos olvidado aquella faceta del Nazareno en donde se nos mostró humano y solidario con el dolor y el sufrimiento humano, un Dios que nos conoce, nos escucha, nos comprende, nos abraza y camina a nuestro lado… Tristemente, nos conmueve un crucificado de hace veinte siglos, pero no nos impresiona la cantidad de excluidos y crucificados en nuestro tiempo y en nuestro entorno; es más, muchas veces hasta justificamos la exclusión y crucifixión de estos “Jesuses” de hoy.

Qué esta conmemoración del Dios incapaz de retractarse de todo el amor que profesa por la humanidad, cuestione nuestras opciones y acciones frente a los crucificados de nuestro tiempo, que no necesitan necesariamente que les demos el pescado o que les enseñemos a pescar sino que los acojamos, los escuchemos y caminemos a su lado.

EQUIPO ORIENTACIÓN. 


miércoles, 1 de abril de 2015

Celebra la vida reflexionando

“¡El cristianismo no es un conjunto de verdades que hay que creer, de leyes que hay que cumplir, de prohibiciones! Así resulta repugnante, el cristianismo es una PERSONA, que me amó tanto, que me reclama mi amor. El cristianismo es Cristo”[1].

Jesús de Nazaret, un hombre enamorado y apasionado por la humanidad, el Maestro en todos los campos del ser, el que amó “hasta el extremo” es quien convoca esta semana a miles de cristianos quienes detienen sus afanes y quehaceres diarios para contemplar su vida. 

El Nazareno que curó, perdonó, caminó del lado de los pobres, acogió a quienes por un error (pecado) eran condenados, denunció la falsedad del sistema de su época vivió una semana intensa, la última de su vida terrenal. Su coherencia lo llevó a la entrega total en la cruz, su amor por la humanidad lo llevó hasta darse por completo.

Cuentan los evangelios (biografías de Jesús) que la tarde antes de morir procuró dejarle a los suyos sus últimas enseñanzas, su “testamento”… Y como Buen Maestro no lo hizo con discursos elocuentes y vacíos, sino con su vida sencilla, servicial y entregada sin medida.

Se sentó a la mesa con ellos, no era más que nadie, no pretendía ser servido. Allí realizó gestos y palabras que cambiarían la vida de los que lo acompañaban.

Cuentan que se levantó de la mesa y se puso a lavarles los pies a los suyos… Sí, el Maestro que curó, que hizo milagros, que les enseñó ahora estaba postrado lavando los pies de cada uno de ellos. Les estaba dejando claro que el mundo se cambia en la medida en que Amando a Dios, a sí mismos y a los otros procuren servir sin más pretensión que ayudar en la felicidad propia y la de otros. Esto que en las iglesias a veces no se asume y comprende, eso que a los cristianos nos ha costado comprender; nos gana el egoísmo, pasamos por encima de otros con tal de conseguir nuestras pretensiones.

Para el sistema capitalista la lógica propuesta por Jesús es ilógica, pues para el sistema actual el egoísmo, devorar el planeta para satisfacer pseudo-necesidades y enriquecer a unos pocos es la consigna… -Tal vez si el Nazareno volviese hoy sería burlado, castigado y desaparecido por pretender una vida libre, no consumista y dispuesta al servicio de los otros. -

Luego de lavarles  los pies se sentó a la mesa con los suyos. En la mesa en la que todos somos iguales, en la que todos tenemos los mismos derechos, en la que todos recibimos lo mismo. En la mesa en la que se confía, acepta y ama al otro, en la mesa en la que se comparten los miedos y afanes de cada día, en la mesa en la que se recarga la energía para seguir en la lucha… Allí el Maestro realizó tres acciones que por siempre los suyos recordarían y repetirían: BENDIJO el pan, es decir reconoció con humildad que el amor del Padre es el que provee la vida, que sin Él nada somos; PARTIÓ, en partes iguales para todos los presentes, porque la vida y la naturaleza son para eso, para el bien y crecimiento de cada creatura; COMPARTIÓ, les dio vida, les entregó su ser en ese pedazo pan y copa de vino. Los apóstoles comprendieron que desde esa tarde serían ellos quienes bendecirían, partirían y compartirían el Pan de la Vida. 

Es lamentable que con el tiempo la Mesa de la Vida se hubiese convertido en un ritual vacío, cargado de normas y adornos que le roban en esencia el encuentro humano, fraterno y transformador que vivieron los apóstoles junto a Jesús.  Sin el ánimo de afirmar que el ritual ordenado sea el problema, pero sí cuando el ritual es más importante que las personas  y el Artífice.

Que las celebraciones de éstos días, que los gestos del Maestro renueven nuestra fe y nos animemos a ser constructores de “otro mundo posible”, que se renueve nuestra oración para el diálogo con Aquel que nos ama, que el amor deje de ser una concepto y sea el motor de la existencia y nos lleve a servir, perdonar y ayudar a que la justicia y la paz sean una realidad.

Equipo Orientación.


[1] Monseñor Oscar Arnulfo Romero.