domingo, 13 de julio de 2014

CELEBRA LA VIDA REFLEXIONANDO

Se va destiñendo el Evangelio, ese que debía ser una buena noticia, novedad para cada momento de la historia. No porque sea un libro mágico sino porque cuenta la historia apasionante de un Dios que nos ama sin medida, que se hizo uno de nosotros, que comprende nuestra condición y que desde ahí camina con nosotros en esta existencia cargada de alegrías y tristezas.

Hemos leído doctrinal y moralmente aquello que es vida y amor, hemos limitado el Evangelio a un recetario de normas y comportamientos para quienes quieran agradar a Dios…

Un ejemplo de esto es la parábola del sembrador que alguna vez el Maestro les contó a quienes caminaban con él. Un ejemplo sencillo de un hombre que salió a sembrar y algunas semillas no florecieron al caer en tierra seca, al calor, en el camino y entre espinos. Se ha interpretado esta sencilla parábola en un marco moralista y doctrinal de asumir verdades, de seguir dogmas porque, según decían, así lo quiso Dios.

Cuando nos acercamos al Maestro un hombre libre, que rompió esquemas, porque amó sin medida, porque dio sentido a la ley en cuanto comprendió que es válida sólo si es para cuidar y promover la vida, porque oraba a Dios como Padre, porque estuvo cerca de aquellos que necesitaban experimentar el amor de Dios podremos decir, sin temores, que la parábola del sembrador no se trata de dogmas o verdades absolutas.

Es una parábola muy sencilla en la que Jesús re-crea el proceso maravilloso de la vida que nace de la pequeñez de una semilla. La vida que es el fruto del amor de Dios, que se nos da sin pedirla, que nos llega en un tiempo y momento histórico no elegidos por nosotros. La vida que es el tesoro más preciado en la creación, la vida de cualquier miembro de la creación que merece ser valorada y respetada sin importar su condición, estado o proceso en el que esté.

Cuenta la parábola que algunas semillas de esta vida no florecieron, algunas ni alcanzaron a vislumbrar la existencia por condiciones de calor, falta de abono o pisoteadas en el camino… Dándonos así Jesús el marco para que la vida se de en plenitud: El Reino de Dios.
El Reino de Dios que no es una doctrina, una religión o una teoría sino el querer de Dios para todos sus hijos e hijas. El Reino es el plan maravilloso del Padre para su creación. Plan que tiene como primera y única norma el amor, amor de cruz que nos enseñó el Maestro. El Reino se traduce en condiciones concretas para que la vida pueda florecer en todo su esplendor: respeto por la vida, justicia, equidad, igualdad de oportunidades, educación, salud  de calidad, vivienda, recreación, deporte, expresiones libres de fe en Aquel que nos ama sin medida…

Dirán algunos que esto es utópico, que se han hecho esfuerzos en la historia y han terminado fracasados violentando la existencia… Pero es nuestro deber como cristianos, como creyentes sumarnos al plan de Dios para su creación. De muchas maneras se ha violentado la vida y se sigue violentando, urge que juntos (sin límites de credos o ideas) nos unamos por construir sociedades más humanas en las que la vida de cualquier ser pueda darse en plenitud sin ser truncada o detenida…


 EQUIPO ORIENTACIÓN

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