domingo, 8 de junio de 2014

CELEBRA LA VIDA REFLEXIONANDO

Desazón, desesperanza, desaliento, incredulidad, desconfianza, pesimismo, miedo e impotencia son el pan de cada día para tantos que poco a poco se acostumbraron a vivir en medio del vicio, del desempleo, de la muerte, en fin, de una historia que se les torna cada día más inclemente…

En la misma línea, la televisión, la radio, la prensa local y mundial, a diario pretenden hacernos creer que estamos sumidos en la desgracia, que esto ya no tiene remedio.

Y tal vez diremos, es cierto. Es cierto porque nos hemos topado por el camino de la vida con gente negativa, destructiva, chismosa, egoísta, envidiosa, problemática y sucia para competir o porque simplemente nosotros también somos así, lo sabemos y no hacemos nada por ser diferentes.

Es cierto, dirán otros, porque no hay empleo, no tenemos una salud digna o un techo decente, porque los jóvenes se nos están perdiendo en los vicios, en la pereza, porque se nos están volviendo ladrones, porque ya no podemos ni salir a las esquinas de nuestras casas, en fin… Y es así como resultan expresiones como: “El mundo está en crisis.”, “de esta no vamos a salir.”, “estamos jodidos.”, “Ya no tenemos remedio.” Expresiones que a la ligera no producen ningún compromiso con la historia, porque dañan considerablemente la consciencia colectiva de muchos que bien podrían hacer algo.

Es así que conducidos por el desaliento y la desesperanza frente a la realidad, como sociedad nos volvemos fácilmente vulnerables al coqueteo y la seducción de aquellos que aprovechándose de la necesidad popular, se atribuyen, cual caudillo, el liderazgo en la defensa de los derechos de todos, en la conservación de la moral y las buenas costumbres y en la consecución del bienestar social, nada menos que para seguir amasando sus fortunas y las de sus familias a costas de la desesperanza y pereza públicas.

¡Basta! ¡Ya no más! Es tiempo que reaccionemos, que creamos en nosotros, en la fuerza de nuestra solidaridad, en nuestra creatividad, en el potencial que cada uno de nosotros tiene. Está visto que los caudillos vienen y van y la cosa sigue igual. ¿Por qué en vez de seguir depositando nuestra confianza en aquellos que se han aprovechado de nosotros,  mejor hacemos uso de aquello que de manera personal o colectiva nos dotó el creador para enfrentar la vida?
¿Por qué en vez de quejarnos por todo lo malo que nos acontece no emprendemos mejor acciones concretas para que esto no se siga repitiendo en nosotros o en los otros?

El Espíritu de Dios sopla en todas partes, sopla en cada ser humano que no se queda sumido en sus razones para sufrir sino que trabaja por su felicidad y la de los otros, sopla en cada persona cuando perdona, cuando  es compasiva con el dolor del otro, cuando lucha por liberarse de todo lo que la oprime y daña, cuando se levanta de sus caídas; sopla cuando reina la confianza, la libertad, la verdad y la vida por encima de las fuerzas del desaliento, la mentira y la muerte.

Sopla en ti y en mí que tenemos miedo de enfrentarnos a una realidad cruda y cada vez más difícil, para darnos confianza, fortaleza y esperanza de seguir adelante en el trabajo de que ningún ser humano tenga que rezar más, “a ti clamamos los desterrados hijos de Eva, a ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas…”

Para quienes están llenos de desesperanza, un ejemplo reciente de que sí se puede construir ese otro mundo posible es el nacimiento de la Fundación JUGGO, que surgió del seno de una familia después de superar la pérdida de uno de sus hijos, y que se dedicará a ayudar a jóvenes de escasos recursos con el fin de que puedan estudiar…

“Dame Tu Amor y Gracia,
 Que éstas me bastan”...

EQUIPO ORIENTACIÓN

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