domingo, 7 de junio de 2015

Celebra la vida reflexionando.

Cuenta Marcos que Jesús y sus amigos, reunidos en la mesa, compartieron el pan y el vino. No fue esta una cena común, esta sería la cena que marcaría la existencia de los doce. Allí Jesús les entregó su amor por completo, les entregó su vida, su amor inagotable, les dijo que por amor a la humanidad su sangre y su cuerpo serían inmolados. En la mesa, allí en la que todos caben, en la que nadie es más, en la que todos reciben lo mismo; fue en la mesa en donde Jesús les dejó el más grande don de amor: la eucaristía.

En la eucaristía, Jesús realizó tres acciones que nunca olvidarían los suyos: Bendecir: agradecer al buen Dios por la vida, el pan, los amigos, la familia, es decir reconocer que todo viene del amor del Padre; Partir: la creación es la casa de todos (hombres y animales) dar a cada uno lo que le pertenece, aquí no caben la avaricia y el egoísmo, en la cena el Maestro da a todos por igual incluso a Judas quien luego lo entregaría; Compartir: el pan, la vida, el amor, el perdón, el alimento, el techo, el conocimiento…

En la celebración de la cena realizada por Jesús y los suyos está realizado el Reino de Dios que todos estamos llamados a construir aquí y ahora. Sólo reconociendo que la vida es un don (bendecir), que todo nos viene del amor sin límites del Padre, que la tierra es la casa común empezaremos a cuidar la naturaleza, a dejar de acumular riquezas y a buscar la Justicia; sabiendo que nada nos pertenece, que nuestro paso por el tiempo y el espacio son efímeros de seguro empezaremos a partir, no para enriquecer a unos pocos sino buscando que a ningún  ser vivo le falten los bienes necesarios para vivir; por último, el compartir todo porque es de todos será la certeza de la vida, de la paz, de la armonía y de la construcción de ese “otro mundo posible”.

Ojalá hagamos de la vida una eucaristía!

EQUIPO ORIENTACIÓN... 


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