domingo, 12 de julio de 2015

Celebra la vida reflexionando

Desde el mismo momento de nuestra concepción e independiente de lo oscuro o claro del panorama somos seres llamados a la vida y para la vida.

Nadie nace por casualidad; el azar y las circunstancias serán cosas de las personas, pero la vida es cosa de Dios porque Él nos concibe primero en su pensamiento y en su ser, y nos regala la posibilidad de existir y participar de su proyecto de recrear el mundo todos los días y a todas horas. Somos hechura suya y Él nos hizo co41mo si cada uno fuese el único hombre o mujer del mundo. Nos hizo “en serio” no “en serie”, y nos ama personalmente porque no hay humanos repetidos, porque tú, amigo lector, y yo somos seres únicos e irrepetibles.

No sólo somos llamados a la vida y para la vida sino que ella –la vida- nos rodea y nos abraza desde el amor que experimentamos como protección en el vientre y el regazo de nuestra madre hasta el que percibimos en la cercanía, y solidaridad de los nuestros en los últimos días de existencia.

 Nos rodea porque vive en todo cuanto encontramos a diario, en el sol que ilumina cada nuevo día, en el agua que nos refresca y nos prepara para las tareas diarias, en nuestros seres queridos, en nuestras mascotas, en el aire que no paramos de respirar, aunque estemos dormidos, en los árboles que nos dan sombra y nos proveen de un mejor ambiente, en fin, nuestro encuentro con la vida es constante, eterno…

Somos seres llamados a la vida y para la vida, pero poco a poco hemos ido perdiendo el sentido y el valor de esta, la hemos envilecido, despreciado, destruido, pervertido y menospreciado cada día más, cuando optamos por los caminos de la destrucción y de la muerte o simplemente cuando optamos por un silencio cómplice frente a las estructuras, instituciones y personas que promueven y ejecutan iniciativas en contra de la vida en cualquiera de sus manifestaciones.

La verdad, no hace falta que vayamos muy lejos para descubrirnos inmersos en tal realidad. Hace apenas un par de días en la localidad de Engativá, un joven de 19 años, Andrés Felipe Gómez Rivera, murió luego de recibir una golpiza por parte de varios ciudadanos que habrían querido tomar la justicia por sus manos. Esto, sólo por citar uno de los miles de casos de violencia, dolor y muerte que a diario vivimos, y sin hacer mención de millones de actos de abuso y barbarie que se cometen en contra de la Madre Tierra y de cada uno de los demás seres –no humanos- que cohabitan en ella.

La cultura de la muerte se nos adelantó, se nos impuso, y nosotros hemos permitido, estupefactos e inertes que avance a pasos agigantados en nuestra mente, corazón, y sociedad.

Hoy, Jesús nos recuerda que somos discípulos suyos, que nos ha amado, pensado, escogido y llamado a la vida y para la vida; y ser discípulo de Jesús no es más que vivir y dejar vivir, ser agentes de la vida, la justicia, el amor, la paz, la verdad y todo aquello que nos conduce por la senda de la vida, y por ende, nos aleja de las estructuras de la muerte.

De nuestras actitudes depende si en el futuro próximo o lejano Reina la Vida o reina la muerte porque en los planes de Dios cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario.


“No nos cansemos de predicar el amor. Sí, ésta es la fuerza que vencerá al mundo.”

EQUIPO ORIENTACIÓN

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