domingo, 16 de marzo de 2014

CELEBRA LA VIDA REFLEXIONANDO

Desde los inicios de la civilización las sociedades han estado constituidas de forma piramidal, es decir, unos encima de otros y así sucesivamente hasta llegar a la cabeza visible. Tan marcada es esta tendencia que la mayoría de las personas hemos nacido en sociedades subyugadas donde el poder se concentra en unos pocos y donde para acceder a lo mínimo básico hay que ir como mendigos de un lado a otro, a veces, muriendo en el intento por conseguirlo.

Hemos sido criados con conciencia de oprimidos, de gente a la que le toca rogar por lo que legítimamente le pertenece… Somos una sociedad acostumbrada a mirar hacia arriba, a ver a qué hora caen las migajas de la mesa de los poderosos…
Hemos sido criados en una sociedad que no cree en sí misma sino que sigue esperando que los poderosos nos arreglen la existencia.
Hemos nacido en una sociedad sometida a la voluntad de los otros, y en la que nos han enseñado a mirar con reverencia y ceremonia a nuestros padres, a nuestros mayores, a nuestros líderes sociales, políticos y religiosos, incluso hasta al  mismo Dios a quienes dirigimos más que plegarias, súplicas servilistas y rastreras con el afán de conseguir algún favor.

Lastimosamente, esa mentalidad destructiva no se puede cambiar de la noche a la mañana. Muestra de ello es que cualquiera que se atreva a cuestionar mínimamente las condiciones de este sistema, es fácilmente eliminado, incluso muchas veces, con la venia de los mismos oprimidos. Muestra de ello es también que llevemos siglos enteros de lucha y aun no tengamos sociedades igualitarias, justas y por ende pacíficas.

Tal vez el problema no es, necesariamente, la consciencia colectiva sino la consciencia individual – personal la que debamos moldear con apertura, diálogo y ánimo. Para ello, proponemos desde la fe volver a mirar hacia Jesús de Nazaret, él es el Maestro de la vida, él nos enseña verdaderamente cómo deben ser nuestras relaciones con el poder, para en verdad poder hacer esta transformación que tanto necesitamos. Jesús, con el pasaje de la transfiguración, nos enseña hoy a mirar las cosas desde arriba, desde la montaña, desde el puesto de quien dirige, de quien sabe qué hacer. Es Jesús quien humaniza nuestras relaciones, quien transformó nuestras relaciones con Dios, quien nos enseñó a verlo no como un poderoso Jerarca que se sirve de nuestra pleitesía y miedo sino como un Padre fiel y lleno de ternura con cada uno de sus hijos e hijas.

Este puede ser un buen comienzo no sólo en la interpretación del pasaje de la transfiguración de Jesús, sino en el ejercicio de repensarnos y replantear así nuestra forma de interactuar con el mundo, una que no se basa en la reverencia y la ceremonia que podamos dirigir a los “dueños del mundo” sino en el amor que dignifica a cada persona y humaniza las relaciones entre los hombres.

Puede que al ser testigos de esta transfiguración de la existencia podamos ser más asertivos en los procesos que emprendamos con el fin de transfigurar las relaciones humanas y así transfigurar este mundo tan desfigurado por la inseguridad y la desconfianza.

EQUIPO ORIENTACIÓN... 

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