domingo, 3 de mayo de 2015

Celebra la vida reflexionando

Por estos días en que aún la esperanza y la alegría de la Resurrección se experimentan, los textos bíblicos proclamados en las iglesias cristianas cuentan cómo la fe en el Maestro de la Vida fue expandiéndose…

Resulta llamativo este fenómeno que logró permear imperios, religiones y transformar la vida de hombres y mujeres de todos los tiempos. ¿Cómo lo hacían? ¿Por qué muchos decidieron seguir al Maestro incluso hasta la muerte?

Y entonces tenemos que poner la mirada en los hombres y mujeres que estuvieron cerca al Nazareno, pues fueron quienes empezaron a incendiar el mundo con la vida de un hombre pobre, un hombre que les cambió sus vidas y que podría cambiar la vida de miles.

Entonces va adquiriendo sentido el acontecimiento histórico de la expansión del cristianismo, nunca sabremos si Jesús quiso una religión, lo que sí podemos ver es a hombres y mujeres a los que el Maestro les transformó su vida y que amándolos tanto encendió en ellos la locura del amor que los llevó a amar y servir a otros sin importar credos, posturas, razas, condiciones ni naciones.

Jesús es en verdad un Maestro, se acercó a los suyos, los acogió, conoció, comprendió, educó y amó hasta hacerlos personas nuevas, comprometidas con la felicidad común, seguros de que Dios camina con ellos en las buenas y malas, seguros de que el único y verdadero camino es el Amor que se dona, que se entrega sin reservas, que clama justicia, que lucha por la vida. 

Y es así como empieza la comunidad cristiana a ser testiga de la obra del Maestro hecha a través de ellos: la conversión de Saulo un asesino de cristianos, el compartir del pan diario, la inclusión, nadie pasaba hambre, los enfermos se sanaban… Empezó esta comunidad a ser luz en un mundo egoísta, doblegado por el imperio romano, empezó a ser esperanza. Cuestionando las instituciones y costumbres deshumanizadas impulsó a muchos a unirse a la locura del amor, del servicio, de la felicidad compartida, del dolor soportado en común.

En esas comunidades empezaron a recordar cada palabra del Maestro, cada gesto, cada acción e iban encontrándole sentido porque el Espíritu del Padre hacía su obra en cada vida, en cada situación, en cada palabra… Recordaron las promesas de Jesús justo antes de entregarse, por ejemplo asumieron que solo unidos a Él, a su mensaje, a su misión otro mundo era posible; por eso, siempre lo tuvieron como centro, sin arandelas ni interpretaciones comodonas, a Él en cada una de sus palabras y acciones y procuraron hacer vida sus enseñanzas.

Ojalá por estos días de crisis institucional, familiar, religiosa, de grandes cambios y de reclamos constantes de nuestra madre la tierra pusiéramos nuestros ojos en el Maestro y en los primeros cristianos y aprendiéramos de ellos…

“Permanezcan en mí, como Yo en ustedes…”

EQUIPO ORIENTACIÓN



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