domingo, 4 de mayo de 2014

CELEBRA LA VIDA REFLEXIONANDO

Por estos días de pascua nuestra fe, esperanza y alegría se fortalecen. Es que celebrar la vida del Maestro de la Vida enciende nuestros corazones, nos impulsa seguir haciendo luchas concretas en pro de realidades más humanas y justas.

La Resurrección del Maestro no se trata de triunfalismo o venganza, se trata más bien de la victoria de la vida y el amor. Es el amor del padre dado sin límites en Jesús el que re-crea la historia, el que nos da una nueva vida en Jesús, nueva vida en dos dimensiones: la certeza de no morir para siempre sino de retornar al corazón del padre y la vida temporal en la que el amor debe impulsarnos a vivir como el Maestro en servicio, donación, compromiso, perdón, oración…

Cuenta la Escritura que, pasados los días, los discípulos, en compañía de María y otros miembros de la comunidad, empezaron a experimentar la presencia viva del Maestro. Empezaron a  comprender que la violencia, el odio y la venganza no vencen, sino que el amor que el Maestro vivió era el que tenía que vencer.

Algunos de ellos quisieron regresar a sus vidas, esas que vivían antes de conocer a Jesús, por eso caminaban de regreso a eso que ya no tenía sentido. Tenían el corazón triste, no comprendían lo que acontecía en la persona de Jesús, no habían experimentado la victoria del amor sobre la muerte. Y no porque fueran cerrados o malos, sino porque estaban pensando con la lógica humana y al Resucitado más que conocerlo con ideas se le conoce y experimenta en la vida diaria: en la naturaleza, en la familia, en el abrazo, en aquel que comparte, en ese que escucha… No es un discurso romántico o mágico, es un llamado que nos hace el Resucitado a unirnos a su victoria… Victoria que da el amor, la reconciliación, el perdón, el servicio; victoria que duele, que cuestiona, que nos hará sufrir pero nos motiva la certeza del amor Resucitado en Jesús.

"Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída", fue la petición de los discípulos y tal vez la misma que debiéramos hacer hoy nosotros:

Quédate con nosotros Maestro,

Aun cuando seamos indiferentes e indolentes ante los dolores de los otros.

Aun cuando nuestra fe se quede limitada al espacio físico del templo.

Aun cuando las iglesias que dicen seguirte se alejan por completo de tus enseñanzas.
Aun cuando hagamos de Dios un dios lejano, juez y castigador.

Aun cuando nos sumemos a la competencia egoísta que devora y devasta nuestras vidas haciéndonos pasar por encima de los otros con tal de conseguir lo que queremos.

Aun cuando los problemas diarios de la vida nos roben la paz, nos hagan desconfiar de tu amor de Padre.

Si Maestro, quédate con nosotros y fortalécenos para seguir en la lucha, esa por la que tú diste la vida. Opción que esperas asumamos, los cristianos de hoy, dando luchas concretas en pro de “ese otro mundo posible” en el que ninguno de tus hijos e hijas experimenten el dolor que causa el odio, la guerra, la exclusión, la injustica, el analfabetismo.

EQUIPO ORIENTACIÓN.