sábado, 12 de abril de 2014

CELEBRA LA VIDA REFLEXIONANDO

Los cristianos estamos una vez más frente a la posibilidad de celebrar la Semana Santa, tiempo en el cual conmemoramos la pasión, muerte y resurrección de Jesús.
Ante esta conmemoración como ante cualquier otro acto religioso del que seamos partícipes surgen dos situaciones… Es así que podremos asumir esta conmemoración con la hipocresía milenaria que nos identifica o con actitud comprometida frente al entorno en que vivimos y vamos escribiendo historia.

Si decidimos vivirla con la hipocresía que nos ha identificado desde no hace poco tiempo, tal vez asistiremos a las ceremonias religiosas con mucha atención y aparente tristeza mientras detallamos la pompa con que se realizan, los adornos y ornamentos que la engalanan y hacen de ella el espectáculo sugestivo, capaz de despertar en nosotros el sentimentalismo frente al recuerdo de un inocente torturado, agónico y aplastado más por nuestros pecados que por la maquinaria político-religiosa de su tiempo, nos estremeceremos frente al recuerdo de las humillaciones y tratos injustos de los que fue víctima el Maestro, alimentaremos una vez más nuestro odio hacia los que le hicieron pasar por estas situaciones a “Nuestro Señor”, y celebraremos gozosos que Aquel hombre no murió para siempre y que Dios le tapó la boca a sus detractores con la resurrección.

Por el contrario, si decidimos asumir los acontecimientos centrales de la Semana Santa con actitud comprometida frente al entorno en que vivimos, tal vez asistiremos a las mismas ceremonias religiosas que los otros, pero estaremos pendientes no simplemente de recordar sino de buscar entre los nuestros y en medio de nuestras realidades a aquellos que, como el Maestro, siguen siendo las “sufrientes” víctimas del pecado moral y social que habita en nosotros y que se materializa en la mentira, la persecución, la corrupción, el egoísmo, la desigualdad, el hambre, el analfabetismo, la violencia, la injusticia, y demás abominaciones que atentan contra la persona, su dignidad y sus derechos y contra el bien común.
Y no sólo buscaremos entre los nuestros a esos sufrientes para identificarlos y ya, sino que buscaremos y propiciaremos la oportunidad de materializar nuestra solidaridad para con ellos, aquellos cuya historia no ha sido tan bondadosa y feliz,  nos haremos sus amigos, sus compañeros de camino, cercanos como lo hubiese querido y hecho nuestro Maestro y buscaremos por doquier las oportunidades para promocionarlos, para hacer de sus vidas y la de los suyos existencias dignas de vivirse.

Tal vez ninguna de estas dos sea la opción que tomen nuestros lectores frente a la conmemoración que como iglesias realizamos en Semana Santa; es más puede que algunos de nuestros lectores  ya no se encuentren en las iglesias, y puede que tanto los unos como los otros tengan formas muy diversas de vivir este tiempo. Simplemente pasar por aquí a invitarlos a hacer el bien donde quiera que vayan, a no pasar por la vida de las personas sin dejar algo bueno en cada una de ellas, y a permitir que el buen Dios se muestre clemente, compasivo, misericordioso, cercano y solidario en cada una de nuestras acciones.

Buena semana…


 EQUIPO ORIENTACIÓN 

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