sábado, 4 de abril de 2015

Celebra la Vida reflexionando

“Acoger con serenidad la muerte, porque pertenece a la vida, implica el dar la primacía a la vida y vivir una inexplicable libertad. Es vivir más y mejor. Es RESUCITAR”.[1]

Durante esta semana que estamos cerrando todos escuchamos de Aquel Nazareno llamado Jesús, el Maestro que cambió la historia de la humanidad. Cada uno a su manera, desde los espacios propios de las celebraciones comunitarias, otros en el silencio de su soledad, otros con lecturas fuimos admirando y actualizando la obra salvadora de Jesucristo.

Cerramos con la pascua. La Pascua, el paso que los judíos celebran de la esclavitud a la libertad, celebran a un Dios que no fue indiferente ante el dolor de su pueblo e irrumpe en la historia para hacer procesos de liberación personal y social. Pascua que los cristianos celebramos como el paso de la muerte a la vida, del pecado a la gracia, el mismo Dios asumió nuestra humanidad, nuestras limitaciones y desde lo que somos nos redimió, nos señaló el camino.

Es interesante detenernos en este día de alegría a pensar un poco en aquello que lleva a la Pascua. Cuando nos acercamos a Jesús descubrimos a un ser humano en todas sus dimensiones, un hombre concreto que vivió de tal manera que terminó restaurando la vida.

Tal vez la característica más grande del Nazareno sea la libertad. Libertad que le permitió darse por completo, sin esperar  retribuciones por sus obras, sólo motivado por el amor, sabiendo que esa semilla en algún momento daría sus frutos; libertad que le permitió no dejarse envolver por el sistema de su época y oponerse a todo aquello que dañaba la dignidad de los hijos e hijas de Dios; libertad que le permitió darnos a conocer con sus palabras y actos el verdadero rostro de Dios, es decir el Dios padre y madre, que nos ama sin medida, que es paciente, que camina con nosotros; libertad que le permitió asumir la cruz perdonando a sus verdugos; libertad que terminó en la nueva vida para toda la humanidad. 

La resurrección de Jesús es el más grande don que Dios ha dado la humanidad, no solo en la vida eterna que cada ser vivirá junto a Dios si no porque es una experiencia que se va gestando en el aquí y en el ahora, sobre todo  cuando cada uno de nosotros se anima a ser libre, a no dejarse manipular por el capitalismo egoísta y suicida, cuando se ama sin esperar nada a cambio, cuando se perdona comprendiendo las limitaciones propias de la condición humana, cuando se sufre con el otro y se  busca la manera de dignificarlo, cuando se cuida y valora la vida en cualquiera de sus etapas y manifestaciones, cuando se vive cada día como si fuese el último…

Feliz Pascua de Resurrección!!!

Equipo Orientación




[1] Leonardo Boff.

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