miércoles, 1 de abril de 2015

Celebra la vida reflexionando

“¡El cristianismo no es un conjunto de verdades que hay que creer, de leyes que hay que cumplir, de prohibiciones! Así resulta repugnante, el cristianismo es una PERSONA, que me amó tanto, que me reclama mi amor. El cristianismo es Cristo”[1].

Jesús de Nazaret, un hombre enamorado y apasionado por la humanidad, el Maestro en todos los campos del ser, el que amó “hasta el extremo” es quien convoca esta semana a miles de cristianos quienes detienen sus afanes y quehaceres diarios para contemplar su vida. 

El Nazareno que curó, perdonó, caminó del lado de los pobres, acogió a quienes por un error (pecado) eran condenados, denunció la falsedad del sistema de su época vivió una semana intensa, la última de su vida terrenal. Su coherencia lo llevó a la entrega total en la cruz, su amor por la humanidad lo llevó hasta darse por completo.

Cuentan los evangelios (biografías de Jesús) que la tarde antes de morir procuró dejarle a los suyos sus últimas enseñanzas, su “testamento”… Y como Buen Maestro no lo hizo con discursos elocuentes y vacíos, sino con su vida sencilla, servicial y entregada sin medida.

Se sentó a la mesa con ellos, no era más que nadie, no pretendía ser servido. Allí realizó gestos y palabras que cambiarían la vida de los que lo acompañaban.

Cuentan que se levantó de la mesa y se puso a lavarles los pies a los suyos… Sí, el Maestro que curó, que hizo milagros, que les enseñó ahora estaba postrado lavando los pies de cada uno de ellos. Les estaba dejando claro que el mundo se cambia en la medida en que Amando a Dios, a sí mismos y a los otros procuren servir sin más pretensión que ayudar en la felicidad propia y la de otros. Esto que en las iglesias a veces no se asume y comprende, eso que a los cristianos nos ha costado comprender; nos gana el egoísmo, pasamos por encima de otros con tal de conseguir nuestras pretensiones.

Para el sistema capitalista la lógica propuesta por Jesús es ilógica, pues para el sistema actual el egoísmo, devorar el planeta para satisfacer pseudo-necesidades y enriquecer a unos pocos es la consigna… -Tal vez si el Nazareno volviese hoy sería burlado, castigado y desaparecido por pretender una vida libre, no consumista y dispuesta al servicio de los otros. -

Luego de lavarles  los pies se sentó a la mesa con los suyos. En la mesa en la que todos somos iguales, en la que todos tenemos los mismos derechos, en la que todos recibimos lo mismo. En la mesa en la que se confía, acepta y ama al otro, en la mesa en la que se comparten los miedos y afanes de cada día, en la mesa en la que se recarga la energía para seguir en la lucha… Allí el Maestro realizó tres acciones que por siempre los suyos recordarían y repetirían: BENDIJO el pan, es decir reconoció con humildad que el amor del Padre es el que provee la vida, que sin Él nada somos; PARTIÓ, en partes iguales para todos los presentes, porque la vida y la naturaleza son para eso, para el bien y crecimiento de cada creatura; COMPARTIÓ, les dio vida, les entregó su ser en ese pedazo pan y copa de vino. Los apóstoles comprendieron que desde esa tarde serían ellos quienes bendecirían, partirían y compartirían el Pan de la Vida. 

Es lamentable que con el tiempo la Mesa de la Vida se hubiese convertido en un ritual vacío, cargado de normas y adornos que le roban en esencia el encuentro humano, fraterno y transformador que vivieron los apóstoles junto a Jesús.  Sin el ánimo de afirmar que el ritual ordenado sea el problema, pero sí cuando el ritual es más importante que las personas  y el Artífice.

Que las celebraciones de éstos días, que los gestos del Maestro renueven nuestra fe y nos animemos a ser constructores de “otro mundo posible”, que se renueve nuestra oración para el diálogo con Aquel que nos ama, que el amor deje de ser una concepto y sea el motor de la existencia y nos lleve a servir, perdonar y ayudar a que la justicia y la paz sean una realidad.

Equipo Orientación.


[1] Monseñor Oscar Arnulfo Romero. 

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