domingo, 12 de julio de 2015

Celebra la vida reflexionando

Desde el mismo momento de nuestra concepción e independiente de lo oscuro o claro del panorama somos seres llamados a la vida y para la vida.

Nadie nace por casualidad; el azar y las circunstancias serán cosas de las personas, pero la vida es cosa de Dios porque Él nos concibe primero en su pensamiento y en su ser, y nos regala la posibilidad de existir y participar de su proyecto de recrear el mundo todos los días y a todas horas. Somos hechura suya y Él nos hizo co41mo si cada uno fuese el único hombre o mujer del mundo. Nos hizo “en serio” no “en serie”, y nos ama personalmente porque no hay humanos repetidos, porque tú, amigo lector, y yo somos seres únicos e irrepetibles.

No sólo somos llamados a la vida y para la vida sino que ella –la vida- nos rodea y nos abraza desde el amor que experimentamos como protección en el vientre y el regazo de nuestra madre hasta el que percibimos en la cercanía, y solidaridad de los nuestros en los últimos días de existencia.

 Nos rodea porque vive en todo cuanto encontramos a diario, en el sol que ilumina cada nuevo día, en el agua que nos refresca y nos prepara para las tareas diarias, en nuestros seres queridos, en nuestras mascotas, en el aire que no paramos de respirar, aunque estemos dormidos, en los árboles que nos dan sombra y nos proveen de un mejor ambiente, en fin, nuestro encuentro con la vida es constante, eterno…

Somos seres llamados a la vida y para la vida, pero poco a poco hemos ido perdiendo el sentido y el valor de esta, la hemos envilecido, despreciado, destruido, pervertido y menospreciado cada día más, cuando optamos por los caminos de la destrucción y de la muerte o simplemente cuando optamos por un silencio cómplice frente a las estructuras, instituciones y personas que promueven y ejecutan iniciativas en contra de la vida en cualquiera de sus manifestaciones.

La verdad, no hace falta que vayamos muy lejos para descubrirnos inmersos en tal realidad. Hace apenas un par de días en la localidad de Engativá, un joven de 19 años, Andrés Felipe Gómez Rivera, murió luego de recibir una golpiza por parte de varios ciudadanos que habrían querido tomar la justicia por sus manos. Esto, sólo por citar uno de los miles de casos de violencia, dolor y muerte que a diario vivimos, y sin hacer mención de millones de actos de abuso y barbarie que se cometen en contra de la Madre Tierra y de cada uno de los demás seres –no humanos- que cohabitan en ella.

La cultura de la muerte se nos adelantó, se nos impuso, y nosotros hemos permitido, estupefactos e inertes que avance a pasos agigantados en nuestra mente, corazón, y sociedad.

Hoy, Jesús nos recuerda que somos discípulos suyos, que nos ha amado, pensado, escogido y llamado a la vida y para la vida; y ser discípulo de Jesús no es más que vivir y dejar vivir, ser agentes de la vida, la justicia, el amor, la paz, la verdad y todo aquello que nos conduce por la senda de la vida, y por ende, nos aleja de las estructuras de la muerte.

De nuestras actitudes depende si en el futuro próximo o lejano Reina la Vida o reina la muerte porque en los planes de Dios cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario.


“No nos cansemos de predicar el amor. Sí, ésta es la fuerza que vencerá al mundo.”

EQUIPO ORIENTACIÓN

domingo, 5 de julio de 2015

Celebra la vida reflexionando

“No desprecian a un profeta más que en su tierra”…
Son las palabras del evangelio este domingo haciendo referencia al desprecio que sufría el Maestro cuando algunos de su pueblo pretendían enlodar sus palaras y acciones aludiendo a su origen: familia, cultura, tierra…

Es el mismo flagelo que afrontan muchas personas hoy, son sometidas a todo tipo de exclusiones por su condición sexual, color de piel, estrato social, religión, nivel educativo y demás marcos que pretendemos hacer y que cuando alguien sale de ellos empezamos a juzgar, excluir y maltratar.

Este es un fenómeno marcado en nuestros pueblos, tendemos a tachar de malo aquello que no cabe en nuestras pequeñas mentes. Es decir, la diferencia nos cuesta y así negamos un principio natural visible en la realidad: la diversidad. El mundo es multicolor, multiforme, no a blanco y negro como la televisión naciente y politizada que teníamos en Colombia no hace mucho tiempo…

Este fenómeno afecta el bien común, la felicidad compartida y así el plan de Dios. Es que las personas excluidas sufren, se relegan, se excluyen, se suicidan, se ven sometidas a todo tipo de maltrato contra su dignidad. Por eso, para aquellos que seguimos al Maestro este comportamiento social es inválido y exige ser re-pensado y orientado acorde a la medida de todas las cosas: el amor.

Las acciones del Nazareno nos dan la respuesta. En Jesús no encontramos a un hombre excluyente, ni juez implacable, por el contrario es un tipo humano que comprende las falencias propias de la condición humana. No es un “alcahuete” porque comprendiendo exige la conversión y el compromiso con la construcción de “otro mundo posible”. Por ejemplo, le trajeron, prostitutas, cobradores de impuestos, leprosos y Jesús en ellos no leyó el “marco social - moral” que los excluía por sus acciones o condición, veía en cada persona un ser humano maravilloso a quien no podía más que acoger y amar.

Es hora que a ejemplo del Maestro empecemos a construir un “mundo donde quepan muchos mundos”… La “ética de mínimos” tiene mucho por aportarnos, empezar a ponernos de acuerdo en aquellas cosas mínimas para no hacernos daño; por ejemplo, no me mates yo no te mato, no me excluyas yo no te excluyo…

EQUIPO ORIENTACIÓN

domingo, 28 de junio de 2015

CELEBRA LA VIDA REFLEXIONANDO.




No la han tenido muy fácil las mujeres desde que a alguien se le ocurrió pensar, decir y escribir que por una mujer le entró la desgracia al mundo. Es así como desde Eva, la esposa de Adán hasta nuestros días, el género femenino ha tenido que guerrearse su puesto en el mundo; el puesto que tal vez, algún machista, algún misógino o algún despechado usurpó al interpretar y afirmar que Dios quiso que el Hombre estuviera por encima de la Mujer desde siempre y para siempre.

En un mundo donde las personas y las instituciones excluyen al que se deje por esto y por lo otro, es colmo y desventura que también se afirme que Dios es excluyente y, en su nombre rechazar, vetar, juzgar y condenar sin justa causa.

“Pero eso es lo que dice la Biblia.” “Eso es lo que nos han enseñado en esta iglesia y en esta otra.” “Eso es lo que nos han enseñado nuestros padres.” “Eso es lo que hemos visto en casa.” Dirán desde los más conservadores hasta los más confundidos cuando les digamos que tanto la Mujer como el Hombre fueron creados con la misma dignidad para disfrutar de los mismos derechos y participar por igual en la construcción y transformación del mundo y de la historia.

Hoy tendremos que decir, tanto para los unos como para los otros, que, si se afirma que la Mujer fue sacada de la costilla del Hombre no es para señalar que el Hombre es superior a ella sino para recordarle que es carne de su carne, luego también siente, piensa, sufre, goza, cree, sueña, trabaja y se cansa.

…Si se afirma que fue la mujer quien sedujo –convenció- al débil de cerviz y convicción de Adán, será para recordarnos a todos que tanto Hombres como mujeres estamos expuestos a las mismas tentaciones, seducciones y debilidades, y a errar tomando los caminos de la destrucción y de la muerte.

Y si aún quedan dudas sobre la igualdad de derechos y libertades que existe entre los dos géneros no es sino volver la mirada a las palabras y las acciones de Jesús frente a las mujeres de su tiempo, y entre ellas las acontecidas en el relato Evangélico que la Liturgia de la Iglesia propone para este domingo, en el cual nos encontramos con la historia de dos mujeres: La primera que busca ser sanada por Jesús, pero lo hace a través de un intermediario, Jairo, su padre, el Jefe de la sinagoga quien es consciente del valor de  la mujer en la figura de su Hija, y por eso acude a Jesús para que la sane.
La segunda, una mujer cansada no sólo de su enfermedad sino también de la Exclusión  a la que es sometida por esta misma causa que, consciente de su dignidad y de su lugar en el mundo, busca la sanación por iniciativa propia y sin intermediarios.

Al final ambas mujeres se curan, se sanan. Se curan de sus males físicos y se sanan de las heridas causadas por una sociedad que las excluye para seguir construyendo su propia historia dentro de la historia común.

Hoy, como hace veinte siglos, la mujer sigue siendo maltratada, rechazada,  atropellada, utilizada, desvalorizada. La cultura patriarcal, machista y misógina la ha subvalorado así como ha depreciado sus capacidades, sus valores, su potencial productivo, administrativo y organizativo, reduciéndola a un mero accesorio de la vida del Varón, a un objeto sexual que puede pasar de mano en mano, algo que hoy se posee y mañana se tira o simplemente se tiene en cuenta por aspecto físico, y en el más cruel de los casos por su capacidad reproductiva.

El género masculino queda muy mal parado en la historia por ser el punto que desata tal desigualdad e ignominia, sin embargo, “El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos.” Por lo tanto, es tiempo de que las Mujeres sean las primeras abanderadas en la reivindicación de sus derechos y que los Hombres seamos cada vez más capaces de valorarlas, así como de apreciar su potencial intelectual, físico y humano en la construcción de ese “otro mundo posible” desde la mirada de Jesús, que levanta, que sana, que reivindica y que dignifica a toda mujer.


domingo, 21 de junio de 2015

Celebra la vida reflexionando

“Profe,  ¿Por qué Dios no me escucha? Todos los días le rezo por la salud de mi abuelito y él no lo cura”… Fueron las palabras de una niña al terminar la clase un miércoles de esos cargados de mil cosas por hacer y ocupaciones que se vieron relegadas a un segundo lugar, pues la pregunta de esta niña de diez años ocupó mis pensamientos el resto del día.

Recuerdo que en ese preciso momento no tuve más que un fuerte abrazo para aquella inocente que ama profundamente a aquel viejo terco que no deja el alcohol y eso agrava cada día más su enfermedad. Pues bien, pasado el momento emotivo empecé a buscar las causas de aquella gran conclusión en tan pequeña niña.

Entonces empecé a ver allí una falsa imagen de Dios que nos han inculcado. Un dios milagrero que de la nada hace cosas: sana enfermedades, da dinero y concede cuanta locura se nos ocurra pedirle; el mismo dios al que le pedían puntería en Medellín los sicarios;  Un dios que de amigo, cercano y compañero de camino tiene más bien poco; un dios que funciona como una máquina al que le pedimos y esperamos, ojalá en el menor tiempo posible, el producto añorado y puesto bajo su gran poder.

Luego, recordé al Nazareno. Vinieron a mi mente imágenes de Aquel Maestro incomprendido y maltrato por la barbarie humana hasta la muerte, lo vi azotado, caminando con la cruz a cuestas y perdonando a esos que lo habían colgado en el madero de la ignominia,  siendo el más inocente de todos pues la razón de sus acciones no fue más que el amor profundo por la humanidad.
Y entonces, comprendí cuánto mal hacemos a la fe, a la esperanza y a la vida de los seres humanos cuando hacemos de Dios un ser milagrero, lejano del todo al Dios de Jesús. Pareciera que quisiéramos, a toda costa, desaparecer la condición limitada de esta existencia temporal y material, que buscáramos no sufrir, no esperar, no luchar… Así hacemos de dios un ser que rompe nuestros sueños e ilusiones, porque no vemos resuelto como por arte de magia eso que es propio de nuestra condición.

Retomando los últimos momentos de Vida del Maestro, entonces Dios aparece no como un milagrero sino como un Dios que movido por amor asumió lo que somos y desde allí nos comprende, fortalece y acompaña. Esa era la certeza que tenía el Maestro en sus últimas horas, sabía que no estaba solo, que su esperanza estaba puesta en Aquel que nos ama sin medida y que llegado el momento haría su obra en él.

Así, Dios se convierte en aquello que nos mostró Jesús: un Dios consciente de nuestra humanidad, de nuestras limitaciones, de nuestras alegrías y tristezas y que en ellas se hace presente para señalarnos el camino y hacer su obra entre nosotros. Esta certeza es la que mueve a los que sufren hambre, pobreza, injusticia y enfermedad a seguir adelante, a dar sus luchas por cambiar su situación seguros de que el Dios de la Vida está ahí con y para ellos.

“Dios escribe derecho en renglones torcidos”…


EQUIPO ORIENTACIÓN

domingo, 14 de junio de 2015

Celebra la vida reflexionando

Maltratar, burlarnos, hacer matoneo, señalar, juzgar, gritar, insultar, humillar, excluir,  robar, matar a nuestros semejantes, caerle al caído es el camino más fácil, es lo que puede hacer cualquiera frente a cada una de las realidades con las que nos topamos a diario. Es así como de manera casi inconsciente justificamos el sufrimiento y la muerte de algunas personas: “Es que son ladrones”, “es que son viciosos”, “es que son homosexuales”, “es que son mujeres”, “es que son negros”, “es que son pobres”, “es que son nerds”, “ es que son guerrilleros”, “es que son soldados”, “es que son paracos”, “es que son de izquierda”, “Es que son de derecha”, “ es que son ateos”, “es que son feos”, “es que son brutos”, “es que son ñeros”,  “es que son indigentes”, y así nos pasamos la vida…

En contraste, porque el ser humano es volitivo y un ser de contrastes nos encontramos con la contraparte: Personas que de manera casi inconsciente buscan siempre el bienestar del otro, su felicidad, su seguridad, su salud, que se conviertan, que tengan oportunidades, que tengan muchos años de vida, y encausan todos sus esfuerzos por hacer realidad esta comprensión de la vida en para cada uno de sus semejantes.

Ciertamente en la inmensa mayoría de seres humanos coexisten las dos tendencias, entonces habría que preguntarnos: ¿A cuál le hemos abierto más espacio en nuestra vida?

Para responder el anterior cuestionamiento, el Evangelio de este domingo nos puede ayudar a comprender mejor a aquellos que decimos ser creyentes y constructores de ese tal Reino de Dios.
En primer lugar ese Reino es semilla que da fruto por sí misma, y, ¿qué ha sembrado Dios en nosotros? Cuando nacimos vinimos impecables, inspirábamos ternura, unidad, bondad, éramos signo de alegría, de vida, de libertad, de amor, de esperanza sólo por citar algunos ejemplos… De todo ello, ¿qué conservamos hoy? Tal vez algo, tal vez todo, tal vez nada, sólo nosotros sabemos cuánto de esto que Dios ha sembrado en nosotros ha germinado y ha dado fruto.

En segundo lugar ese Reino es Semilla que crece y se hace albergue, guarida, cambuche, casa, hogar, de tod@s aquell@s que quieran anidar sobre sus ramas, es decir, el Reino es inclusión, bienvenida, acogida, apertura, abrazo…

A manera de conclusión, el tal Reino de Dios no es exclusivo de algún lugar, no se hace sólo en el Templo o en la oración o en la calle o en el trabajo o en el colegio o en la casa; es en todas partes donde el creyente vaya llevando su amor, su comprensión, su ternura, su voz defensora de los derechos de tod@s, su abrazo fraterno, su acogida, su sonrisa, su franqueza, su bondad, su palabra, escucha y acción liberadoras como semillas de “otro mundo posible”, de una nueva humanidad.

“No busquen la eternidad entre las cuatro paredes de una Iglesia, ni en la hipocresía de la confesión; la verdadera eternidad está es allá afuera, está en las cosas que somos capaces de hacer hoy, aquí, tal y como lo hizo Cristo, Él, que supo caminar sobre las aguas turbulentas de la historia, y que nos regaló su vida como un ejemplo de amor.”

EQUIPO ORIENTACIÓN 

domingo, 7 de junio de 2015

Celebra la vida reflexionando.

Cuenta Marcos que Jesús y sus amigos, reunidos en la mesa, compartieron el pan y el vino. No fue esta una cena común, esta sería la cena que marcaría la existencia de los doce. Allí Jesús les entregó su amor por completo, les entregó su vida, su amor inagotable, les dijo que por amor a la humanidad su sangre y su cuerpo serían inmolados. En la mesa, allí en la que todos caben, en la que nadie es más, en la que todos reciben lo mismo; fue en la mesa en donde Jesús les dejó el más grande don de amor: la eucaristía.

En la eucaristía, Jesús realizó tres acciones que nunca olvidarían los suyos: Bendecir: agradecer al buen Dios por la vida, el pan, los amigos, la familia, es decir reconocer que todo viene del amor del Padre; Partir: la creación es la casa de todos (hombres y animales) dar a cada uno lo que le pertenece, aquí no caben la avaricia y el egoísmo, en la cena el Maestro da a todos por igual incluso a Judas quien luego lo entregaría; Compartir: el pan, la vida, el amor, el perdón, el alimento, el techo, el conocimiento…

En la celebración de la cena realizada por Jesús y los suyos está realizado el Reino de Dios que todos estamos llamados a construir aquí y ahora. Sólo reconociendo que la vida es un don (bendecir), que todo nos viene del amor sin límites del Padre, que la tierra es la casa común empezaremos a cuidar la naturaleza, a dejar de acumular riquezas y a buscar la Justicia; sabiendo que nada nos pertenece, que nuestro paso por el tiempo y el espacio son efímeros de seguro empezaremos a partir, no para enriquecer a unos pocos sino buscando que a ningún  ser vivo le falten los bienes necesarios para vivir; por último, el compartir todo porque es de todos será la certeza de la vida, de la paz, de la armonía y de la construcción de ese “otro mundo posible”.

Ojalá hagamos de la vida una eucaristía!

EQUIPO ORIENTACIÓN... 


sábado, 23 de mayo de 2015

Celebra la vida reflexionando

“No hay paz sin Justicia Social.” Reza un letrero en alguna calle de la ciudad.

Y es verdad, parece ser que la antesala de la paz es la justicia. Por lo menos eso es lo que pide todo el mundo: Piden justicia las víctimas de la violencia, los desplazados, los profesores, los médicos, los transportadores, los campesinos, los que se quedaron sin casa, sin dónde sembrar una mata, los estudiantes, en fin la justicia viene siendo el clamor popular de tod@s  aquell@s  que alguna vez nos hemos sentido atropellados por otros con más poder que nosotros.

Pero, ¿qué clase de justicia estamos pidiendo?
Escuchamos por radio, por televisión, a veces en vivo o leemos por el periódico la cantidad de abominaciones, violencias y malos tratos que se cometen a diario, al tiempo que el pedido unánime es justicia: “¡Quiero que me devuelvan!” “¡Quiero que me entreguen!” “¡Quiero que me digan!” “¡Quiero que paguen!” “¡Quiero que les caiga todo el peso de la ley!” “¡Quiero que se pudran en la cárcel!”

Entendemos de esta forma la justicia como una manera de retribuir, reivindicar únicamente los derechos de las víctimas, que seguirán siéndolo aun cuando se les indemnice económicamente porque hasta donde el entendimiento me alcanza, no hay dinero que valga para sanar las heridas causadas por la pérdida  violenta de un ser querido o de los bienes materiales, así como no alcanzaría el oro del mundo para llenar el vacío existencial que deja los miles de desaparecidos o tan siquiera “pagar” por los daños y perjuicios morales causados a cualquiera que sea víctima del odio y la brutalidad humana.

Esta justicia, así entendida y auspiciada por la propaganda y la verborrea de los medios de comunicación sólo alimenta el odio colectivo y deja un vacío infinito en las víctimas por cuanto nunca ni de ninguna manera se ve satisfecha en su implacabilidad.

Justicia, sí, pero la que propuso Cristo Clavado en la Cruz perdonando a sus verdugos, la misma de la que hizo uso durante toda su vida; sólo por citar, cuando reivindicó a la mujer adúltera, cuando fue a casa de Zaqueo, cuando visitaba a los publicanos no sólo para señalarles sus errores sino para invitarlos a ser constructores de su Reino, cuando fue detrás de un Centurión a curar a su siervo, en fin, tantas historias de Jesús en donde lo vimos reivindicando, restaurando no sólo a las víctimas sino a los victimarios…

El tiempo pasa, corre sin detenerse, todo cambia, todo pasa, pero no pasa la perversidad de aquellos que llenos de odio manipulan la conciencia de las víctimas para no dejar apagar la llama de la violencia, aquellos que en nombre de la justicia y de la paz, buscan la manera de hacer sufrir a los otros en igual o peor magnitud, las persecuciones y vejaciones con que fueron tratados. NO, de eso no se trata, dijo el Nazareno Clavado en la Cruz: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, el  mismo que hoy como hace veinte siglos dio a sus seguidores la tarea de perdonar los pecados, los ajenos y los propios porque por más justos que intentemos ser también tenemos nuestros deslices e imperfecciones.

Hoy, no es retribución sino restauración lo que nos pide el Espíritu que Cristo sopló sobre nosotros. Es la restauración de la persona de las víctimas como de los victimarios lo que hace que la justicia sea verdadera y, para ello, hay que emprender serios procesos de perdón no desde la farándula de la prensa, sino desde lo más profundo de nuestro corazón,  y que se expresen en acciones concretas, serias y comprometidas en la transformación de nuestro entorno y de nuestra historia.

“Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo. Reciban el Espíritu Santo…”


EQUIPO ORIENTACIÓN se une a la alegría del pueblo salvadoreño y a la de todos aquellos en quienes late la palabra y obra de Monseñor Oscar Romero. Consideramos que es un acto de justicia y de reconocimiento a la entrega total del “profeta de pecho herido siervo de la luz quemante”. Llamado beato Monseñor Romero seguirá resucitando en muchos rincones de la tierra en todos aquellos que se animen a soñar y construir “otro mundo posible”.  

domingo, 17 de mayo de 2015

Celebra la vida reflexionando

Este fin de semana los cristianos –de diversas religiones- nos detenemos a contemplar lo que llamamos la ascensión de Jesús. Cuentan los evangelios que el Maestro, en presencia  de los suyos, subió al encuentro con el Padre de la Vida, no sin antes darles la tarea de encender al mundo con la Buena Nueva de un Dios Amigo, cercano, que asumiendo lo que somos nos señaló el camino a la felicidad común.

Este fin de semana contemplamos no un dogma de fe, sino la experiencia de hombres y mujeres que reconocieron en Jesús la presencia del Dios de la Vida. Este domingo en realidad celebramos la fiesta de la humanidad renovada y re-creada en la persona de Jesús. Es que en la persona de Jesús la humanidad adquiere un nuevo sentido, ya no se trata de un proyecto inacabado, perdido en el horizonte; se trata del plan de Dios para sus hijos e hijas hecho concreto en las palabras y acciones del Maestro. El Plan de Dios que es la vida, la felicidad, la justicia, el bien común.

“La gloria de Dios consiste en que el hombre viva”, decía uno de los primeros cristianos sabiendo que a Dios le interesa el bienestar de sus hijos e hijas; que Él se alegra con la alegría de los suyos, que sufre con ellos, que camina con ellos en cada etapa de la historia.

La ascensión de Jesús es la ascensión de la humanidad al encuentro con un Dios Amigo que tiene un plan común para su creación. Ascender es un compromiso con el momento histórico, algo así como lo vivieron los apóstoles y las mujeres cercanas al Maestro: empezaron a vivir en libertad, en el amor, en el servicio, nacieron comunidades fundadas en el bien común y no en el egoísmo y con sus vidas fueron testigos de la Nueva Vida, aquella que nos vino en el Nazareno. Empezaron a llevar esta Buena Noticia, no atropellando la fe de los otros sino contándoles con palabras y obras su experiencia y así fueron encendiendo corazones que se sumaban a la  “locura del amor”.


Los cristianos tenemos hoy una serie de compromisos urgentes con la historia, acercar diversas realidades al plan de Dios: reconocer en la creación la casa común de la vida, no solo la del ser humano, así empezaremos a respetar la vida y los ecosistemas; cambiar el orden social fundado en el egoísmo unos encima de otros, para empezar a construir la felicidad común; olvidar las peleas por dogmas religiosos para unirnos en acciones comunes que hagan concreto el respeto por la vida y el bien común… Ascender es un riesgo, es un descolocarse, es una necesidad, es un proyecto que hoy el Dios Padre quiere que asumamos…  

EQUIPO ORIENTACIÓN

domingo, 10 de mayo de 2015

Celebra la vida reflexionando

“Yo no puedo ser la dueña del mundo, pero sí la hija del dueño y por eso lo merezco todo, merezco lo mejor…” En alguna parte de este mundo y de la voz de una mujer, escuché alguna vez esta frase que si bien tiene algo de cierto, también está cargada de ese sentimiento de  arrogancia y arribismo que habita en el corazón y la vida de no pocos creyentes que en la línea Calvinista aducen que la bendición divina se expresa en la adquisición o tenencia de bienes materiales en abundancia, luego quien tiene mucho y gasta mucho es porque dios lo ha “Bendecido” de una manera descomunal porque ha sido una persona generosa, buena, amable, misericordiosa, en fin, un mar de bondades… Y quien no tiene nada termina –como siempre- señalado de maldito, reo y pecador, “porque algo debe haber hecho para estar así.”

Y entonces, ¿cómo es posible que si todos somos hijos del dueño del mundo, unos tengan más y otros tengan menos? ¿Acaso Dios se contradice? ¿Es que acaso Dios hace acepciones? ¿Es que acaso Dios tiene un amor condicionado? ¿No será esta manera de entender, una burla de lo que Dios quiere verdaderamente? ¿No será que esta manera de comprender la bendición de Dios, y a Dios  mismo, en vez de unirnos nos separa de él y de la comunidad en cuanto que lo que privilegia son las rencillas y los descontentos?

Pues bien, es una realidad que todas y todos somos hijos de Dios, pertenecemos a su pueblo, pueblo conformado por todas las religiones y hasta por quienes no se adhieren a ninguna. Y si todas y todos somos hijos de Dios, Hermanos y amigos de Jesucristo, pues es a todas y a todos los que Dios bendice con su amor, compañía, misericordia, perdón, bondad, alegría, paz y demás dones y carismas que hacen nuestra vida más digna y más feliz. Luego, mal hacemos al reducir la acción de Dios a la mera consecución de bienes materiales.

Parece ser que detrás de ese: “Yo soy hij@ del dueño del mundo…” no hay nada más que un mero afán egoísta. Es que de repente nos llenamos de ese sentimiento filial, es decir, nos acordamos de ser hijos de Dios sólo para reclamar, pero a lo mejor no nos acordamos de esta realidad cuando se trata de ayudar a alguno de nuestros hermanos que sufren o de comprometernos aunque sea un poquito con su proyecto de un mundo más justo y más humano.

Entonces, ¿Para qué ser hijo de Dios? ¿Para exigirle? ¿Para amarle? ¿Para extorsionarle? ¿Para caminar con él con todo y lo que venga?

Queda claro con las lecturas de esta liturgia Dominical que “Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea.” Es decir, a Dios no le importa lo que hagamos por complacerle, a Dios no le interesan tanto nuestras exigencias, sino si en conciencia nos comportamos o no como sus hijos. No para bendecirnos o maldecirnos porque Él siempre nos bendice sino para saber –supongo, tomándome el atrevimiento de pensar por Él- con quienes cuenta para realizar su obra y con quienes aún no para seguirlos llamando e invitando.

Dios es un ser de infinito amor que siempre nos llama y nos espera, Él nos muestra el camino para hacer de nuestro entorno un lugar más habitable, más justo, más feliz, Él nos inspira, nos llama amigos, nos llama hijos, ¿estamos verdaderamente dispuestos a vivir como hijas e hijos de Dios en un mundo que prefiere manipularlo todo –hasta a Dios mismo- en favor de los intereses de unos pocos?

“Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.”

EQUIPO ORIENTACIÓN 

domingo, 3 de mayo de 2015

Celebra la vida reflexionando

Por estos días en que aún la esperanza y la alegría de la Resurrección se experimentan, los textos bíblicos proclamados en las iglesias cristianas cuentan cómo la fe en el Maestro de la Vida fue expandiéndose…

Resulta llamativo este fenómeno que logró permear imperios, religiones y transformar la vida de hombres y mujeres de todos los tiempos. ¿Cómo lo hacían? ¿Por qué muchos decidieron seguir al Maestro incluso hasta la muerte?

Y entonces tenemos que poner la mirada en los hombres y mujeres que estuvieron cerca al Nazareno, pues fueron quienes empezaron a incendiar el mundo con la vida de un hombre pobre, un hombre que les cambió sus vidas y que podría cambiar la vida de miles.

Entonces va adquiriendo sentido el acontecimiento histórico de la expansión del cristianismo, nunca sabremos si Jesús quiso una religión, lo que sí podemos ver es a hombres y mujeres a los que el Maestro les transformó su vida y que amándolos tanto encendió en ellos la locura del amor que los llevó a amar y servir a otros sin importar credos, posturas, razas, condiciones ni naciones.

Jesús es en verdad un Maestro, se acercó a los suyos, los acogió, conoció, comprendió, educó y amó hasta hacerlos personas nuevas, comprometidas con la felicidad común, seguros de que Dios camina con ellos en las buenas y malas, seguros de que el único y verdadero camino es el Amor que se dona, que se entrega sin reservas, que clama justicia, que lucha por la vida. 

Y es así como empieza la comunidad cristiana a ser testiga de la obra del Maestro hecha a través de ellos: la conversión de Saulo un asesino de cristianos, el compartir del pan diario, la inclusión, nadie pasaba hambre, los enfermos se sanaban… Empezó esta comunidad a ser luz en un mundo egoísta, doblegado por el imperio romano, empezó a ser esperanza. Cuestionando las instituciones y costumbres deshumanizadas impulsó a muchos a unirse a la locura del amor, del servicio, de la felicidad compartida, del dolor soportado en común.

En esas comunidades empezaron a recordar cada palabra del Maestro, cada gesto, cada acción e iban encontrándole sentido porque el Espíritu del Padre hacía su obra en cada vida, en cada situación, en cada palabra… Recordaron las promesas de Jesús justo antes de entregarse, por ejemplo asumieron que solo unidos a Él, a su mensaje, a su misión otro mundo era posible; por eso, siempre lo tuvieron como centro, sin arandelas ni interpretaciones comodonas, a Él en cada una de sus palabras y acciones y procuraron hacer vida sus enseñanzas.

Ojalá por estos días de crisis institucional, familiar, religiosa, de grandes cambios y de reclamos constantes de nuestra madre la tierra pusiéramos nuestros ojos en el Maestro y en los primeros cristianos y aprendiéramos de ellos…

“Permanezcan en mí, como Yo en ustedes…”

EQUIPO ORIENTACIÓN



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